Buda, no hacer nada y Eskrima.

Eskrima es simplificación, cuando en un enfrentamiento real no sepas que hacer, mejor no hagas nada.

Eskrima y «no hacer nada».

Saber frenar nuestra intenciones de autodestrucción que afloran de forma inconsciente en una situación real me parece realmente importante.

Vivimos en una sociedad que adolece la «amnesia de los afortunados». Eskrima y las artes marciales en general se han visto claramente afectadas por esta falsa idea de que a nosotros no nos va a pasar nada, hasta que pasa todo y la sorpresa nos paraliza.

El ejemplo más claro de esto ha sido la pandemia que estamos sufriendo. De repente muchos se han sentido vulnerables por primera vez en su vida y el resultado no ha sido nada alentador. Los extremos se han acentuado y está claro que no ha sido para caminar hacia un mundo mejor.

Reconociendo el panorama.

Esta capacidad de reconocer la situación de «mejor no hacer nada» en un momento de estrés real y total, esa capacidad de gestionar el «impulso furioso» de pelear que muchos llevan dentro reprimido, es una de las habilidades que el trabajo con armas, bajo el prisma de Eskrima, va a mejorar sustancialmente.

En mis clases repito constantemente a mis estudiantes: «si no sabéis qué hacer, mejor no hagáis nada, párate y no empeores la situación.»

La paciencia (paz-ciencia) es una de las virtudes que todo Eskrimador debería cultivar.

Este concepto no es fácil de desarrollar, pero Eskrima es una gran herramienta para ello.

Precipitarse, anticiparse, dejarse llevar por el impulso del nervio, del miedo, de la rabia… con una arma en las mano no es asunto baladí ya que puede suponer, por ejemplo, una herida de la que no poder recuperarse.
Antes de cagarla, párate, respira y recapacita, todo ello, si las circunstancias lo requieren, deberás hacerlo a la velocidad de la luz (ya dijo Einstein que el tiempo es relativo). Con la edad verás que es un bien común aplicable a todos los aspectos de tu vida.

Una historia sobre «no hacer nada.»

«No hacer nada» en este contexto, no tiene nada que ver con la pasividad, todo lo contrario, tiene que ver con un «estado de atención muy fino» y bien desarrollado.

Estoy seguro que muchos de vosotros conocéis ya esta historia, a mi hoy me viene genial para ilustrar esta entrada.

El relato se le atribuye a Buda aunque bien podría ser una historia popular que ha ido rodando por el mundo y para darle más importancia decidieron endosarla a una filosofía que entrara en sintonía con el mensaje.

Sea como sea, considero que el mensaje, en estos casos, es más importante que el origen. La progresión de la historia nos muestra a la perfección la moraleja que se propone, enseñándonos que a veces en Eskrima, en la realidad, en la vida… «no hacer nada» puede ser la mejor manera de responder ante los desafíos del mundo (violento) en el que vivimos.

Pura fightlosofia de vida aplicada a la cruda realidad que nos rodea.


Buda y la calma…

Buda y sus discípulos emprendieron un largo viaje por diversos territorios y ciudades pretendiendo difundir una filosofía de vida que liberara al hombre de sus miserias.

Un día en que el sol brillaba con todo su esplendor, vieron a lo lejos un lago y se detuvieron en una pequeña arboleda del camino, estaban asediados por la sed.

Al llegar, Buda se dirigió a su discípulo más joven, inexperto e impaciente por naturaleza, y le dijo:

– Tengo sed. ¿Puedes por favor traerme un poco de agua de ese lago?

El discípulo fue hasta el lago, pero cuando llegó, un carro de bueyes comenzaba a atravesarlo y el agua, poco a poco, se volvía turbia. Ante esto, el discípulo pensó: «No puedo darle al maestro esta agua fangosa para beber», por lo que regresó y le dijo a Buda:

– El agua está muy fangosa. No creo que podamos beberla.

Pasado un tiempo, Buda volvió a pedir al discípulo que fuera hasta el lago y le trajera por favor un poco de agua para beber. El discípulo así lo hizo, fue corriendo. Sin embargo, el lago todavía estaba algo revuelto. Por el mismo ímpetu de querer ayudar a su maestro empeoró la situación al pisar la orilla y remover más aun el barro… el agua estaba perturbada.

Regresó afligido y con un tono concluyente dijo a Buda:

– Maestro el agua de este lago no se puede beber, será mejor que caminemos hasta el pueblo para que sus habitantes nos den de beber.

Buda no le respondió, pero tampoco realizó ningún movimiento, siguió en calma y meditando. Permaneció allí. Al cabo de un tiempo, le pidió de nuevo al mismo discípulo que regresara por favor al lago y le trajera agua.

Este, como no quería desafiar a su maestro, fue hasta el lago; iba un tanto furioso, pues no comprendía por qué tenía que volver allí una vez más, el agua estaría fangosa y no podría beberse.

Al llegar, observó que el lago había cambiado totalmente su apariencia: tenía muy buen aspecto, lucía en calma y el agua estaba cristalina. Recogió un poco de agua y se la llevó a Buda, quien antes de beberla la miró y le dijo a su discípulo:

– ¿Qué has hecho para limpiar el agua?

El discípulo no entendía la pregunta. Él no había hecho nada, era evidente. Entonces, Buda lo miró y le explicó:

– Esperaste y la dejaste ser. De esta manera, el lodo se asentó por sí mismo y ahora tienes agua limpia. ¡Tu mente también es así! Cuando se perturba, sólo tienes que dejarla estar, reposar. Dale un poco de tiempo. No seas impaciente. Todo lo contrario: ¡sé paciente! Tu mente encontrará el equilibrio por sí misma. No tienes que hacer ningún esfuerzo para calmarla.

Todo pasará si no te aferras a nada.


Jose Díaz Jiménez
José

José

"Simple but not easy"

2 comentarios

    • Gracias Oscar, es una historia con mucho significado, me encanta cuadrar estas cosas para explicar conceptos de Eskrima.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.