Como ajedrez con armas. Eskrima views.


Cuantas veces nos habremos enfrentado al estereotipo del gran “público” cuando hacemos referencia a que nuestro espíritu, nuestro trabajo, nuestra afición o simplemente nuestra pasión es la lucha…así y tras esta rotunda afirmación, uno puede sentir esa mirada de : ” buah menudo flipao tiene que ser este/esta ” o te sueltan la típica y doliente frase de: ” Uhh entonces contigo no hay quien se meta”…siendo adolescente mola que te digan esto, piensa uno que va a ligar más…cerca de los 30 y muchos, como que suena un poco a pitorreo, te dan ganas de soltar alguna fresca, pero te mantienes frío como el acero y sueltas una sonrisa despectiva…todo ello por no hacer lo que realmente quisieras, demostrarle que eres mejor de lo que él / ella piensa…pero  al fin, peor de lo que uno quisiera!!!

No los culpo, las películas y los descerebrados que andan por ahí sueltos han hecho mella en esto de la lucha. En más de una ocasión he asistido a seminarios en los que las preguntas a los Maestros eran del todo inverosímiles, a grados insospechados, pero que por otro lado no me sorprendían. Hace ya unos años que tuve la suerte de asistir a un seminario muy interesante del Dr. Yang, Jwing-Ming que organizaba mi buen amigo/hermano Paco, era en concreto sobre “la respiración embrionaria”…entre los asistentes había todo tipo de personas y de diferentes estilos relacionas con las Artes internas, llegados a un punto el Maestro propuso una ronda de preguntas…es la típica situación en la que uno está algo fuera de lugar ( sin tener nada que ver el ambiente, que era inmejorable y de respeto total), sobre todo por nos ser un arte que uno entienda o practique, pero lo cierto es que con una actitud mental adecuada, siempre se aprende mucho. Las preguntas eran variopintas, pero hubo una que me dejó entusiasmadamente perplejo: ” Maestro, ¿es verdad esto de que se puede levitar?” , ” Claro hombre, en un rato salimos todos volando de aquí” fue más o menos la respuesta…no pude contener la risa ( que por otro lado fue generalizada), porque ante una pregunta fuera del lugar, hubo una respuesta muy inteligente…

La gente que se dedica a la lucha…al menos que yo conozca, no se dedican a ir con una capa por la calle mostrando sus “super-poderes”, aunque por desgracia seguro que hay alguno, quiero imaginar que las consecuencias no serán del todo buenas y terminarán encerrados y sedado en algún psiquiatrico, o tras las rejas de una buena prisión.

Gag_del_sofá_BABF09Claro está , el ratio de personas y personajes que se “dedican” o más que se dedican, que se enfundan la careta de practicantes de artes marciales en tan amplio y hay tantas tribus diferentes, que nombrarlos sería extenso, aburrido e inútil, porque siempre se me olvidaría alguno a los que ofendería por indecencia partidaria.

Está claro, cuando me refiero a gente que se dedica a esto, me refiero a los pocos / muchos que seriamente sacrifican su tiempo, su dinero y su esfuerzo, en ocasiones incluso su salud ( entrenar duro es lesivo: sí o sí ) a perseguir el ideal hacia el camino del guerrero.

Esto que suena tan extraño y tan fuera de lugar en este mundo raro en el que vivimos, es lo que ha mantenido en el pasado muchos de los valores que hoy día se van perdiendo o directamente han desaparecido; como bien dice el Hagakure ( uno de los libros de los preceptos Samurai):  «La riqueza del tiempo de paz es permitir la preparación para tiempos de guerra» o «Cuando se domina bien algo, no se detecta en nuestro comportamiento: una persona así es educada». Los preceptos del guerrero siempre tienden hacia la permanencia de la paz, pienso sinceramente que el objetivo de un guerrero siempre ha sido la de equilibrar el conflicto, de solucionarlo, nunca de ocasionarlo…soy de los que piensan que ” la paz no existe, existe la capacidad de controlar el conflicto” ( cuestión por la que he sido criticado muchas veces por aquellos mismo que siempre mantienen luchas internas no confesadas y que por norma general no saben de que diablos estoy hablando)…y para ello evidentemente, hace falta un tipo de inteligencia, de instrucción y de seguridad que formará parte de una estrategia dentro de la madurez  que se forjarán bajo el auspicio de un buen entrenamiento y una buena guía.

Decir lucha a la gente y generalizando, es sinónimo de dar porrazos por doquier ( típica imagen de cazurros con mala pinta o por contra, típica imagen de tipos uniformados y gritando cada vez que golpean al aire o peor aun…a un compañero robotizado ). Podríamos llegar a la conclusión de que sí que tienen razón, sin porrazos no hay lucha, pero sin lugar a dudas, ni es un camino para todos, ni todos hacen ese camino. La parte física evidentemente tiene una importancia intangible al entendimiento de lo que significa la supervivencia, pero hay otra parte y que trasciende el mero intelecto que es ese código implícito dentro de una camino serio identificado con la imagen del guerrero ancestral.

Desde muy antiguo la gente que se dedicaba a la lucha, a la vez eran grandes expertos en otras disciplinas como las Artes plásticas, la medicina, la astrología, la filosofía, las artes esotéricas. Los mismos chamanes que curaban a las personas, blandían sus armas si era necesario para defender la propia vida o la de las personas que realmente necesitaban de su ayuda. La idea del sabio, del monje blandiendo su espada, no es algo exclusivo oriental, ya que a lo largo y ancho de la historia y del planeta que hoy día habitamos, los guerreros al servicio de dios ( lo que denota una espiritualidad, un camino más allá de la mera guerra),han sido los pilares sobre los que se han sustentado civilizaciones enteras durante siglos. Matar en nombre de dios nunca es y nunca ha sido algo digno…de hecho es deplorable. A lo que nos referimos con esta afirmación es que el camino del guerrero solía estar impregnado de algo más que la propia batalla y la sangría consecuente a este tipo de acciones, el ideal era evidentemente superior a estos efectos tan típicamente mundanos y muy posiblemente perseguían otro tipo de identidad con uno mismo…no temer a la muerte y poner tu propia vida al servicio de los demás es sin duda una de las mayores hazañas que el ser humanos puede llegar a afrontar.

La cultura del guerrero no es la cultura del violento. Podemos encontrar muchos casos dentro de la Eskrima de verdaderos Maestros de las armas que a la vez se dedicaban a curar a las personas, que creían fervientemente en sus oraciones y supersticiones y donde el sentimiento hacia algo superior, definiría la gran diferencia existente entre la vida y la muerte. Cuando la propia vida, la de tus seres queridos o simplemente todo aquello en lo que crees está a punto de desaparecer, blandir un arma es un remedio más al conflicto ( puedes compartirlo o no, lo lamentable es dejar que otros lo hagan y tú criticar esa “violencia” cuando ya salvaron tu vida…). Hasta ahora, la poca gente que he conocido que por desgracia han tenido que vivir este tipo de situaciones, han solido ser mucho mejor personas, más íntegras, que muchos otros que pisan a sus congéneres sin coger un arma, pero de forma mucho más violenta ocasionan la pobreza y la desigualdad.

Siempre intento explicar que la lucha (mucho más con armas) no es cuestión de qué bien preparado esté físicamente, de lo bien que maneje el arma o de lo bueno que yo mismo me sienta dentro del Arte             ( aunque son factores a tener en cuenta), la lucha es estrategia ; sin estrategia da igual que rápido seas y que bien te muevas, porque no llegará a buen puerto casi nada de lo que hagas. Quisiera ahora compartir un cuento que ya puse hace tiempo, pero  que define claramente lo que vengo exponiendo:  El monje y el Samurai.

Mi sensación con los diferentes Maestros que he tenido el honor de entrenar en estos años siempre ha sido la misma:  total y absoluta sorpresa cuando a pesar de ser mayores ( algunos ancianos), a pesar de saber que estilo practicaban, a pesar de saber que es lo que van a hacer con total certeza desde el momento que me colocaba delante de ellos, me dejaban sin argumentos, me hacían justo lo que sabía que me harían  y me dejaban  totalmente anulado con una simpleza presumiblemente fuera de lo normal. Esta es la grandeza de la Eskrima ( y de otras artes, como por ejemplo el Grappling o el Thai ) porque al final de todo y gracias a estas experiencias, puedo definir Eskrima y por extensión lo que entiendo por luchar real con muy pocas palabras: eficiencia, destreza y estrategia.

Si de verdad haces lucha, haces Sparring ( que significa practicar lucha), te darás cuenta que si lanzas golpes por lanzar, que si te mueves por moverte o si simplemente piensas que hagas lo que hagas serás superior a tu adversario , no llegarás a buen puerto. Si hablamos de armas, de tu estrategia depende tu vida, por lo que es un tema muy serio como para no tenerlo en cuenta. La estrategia depende y varia desde ti mismo, a la persona que te enfrentas y a las circunstancias que impregnan el conflicto. Mover ficha, lanzar un ataque o una defensa, siempre tiene unas consecuencias. Siempre que he hecho sparring con mis “profes” he sentido estar varios pasos por detrás de ellos y esto es amigos, a parte de una experiencia dolorosa e instructiva, lo más parecido a jugar al ajedrez desde una aplicación física y mental que significa la diferencia entre la excelencia y lo normal.

Es importante recordar que en el entrenamiento en Sparring, nunca se pierde o se gana: se aprende. La ofuscación no tiene sentido ni cabida, esta es la mentalidad que debemos afrontar en nuestro día a día, esta mentalidad con la que afrontas un conflicto desde la inteligencia y no desde la barbarie o el descontrol, será lo que marque la distancia entre ti y aquellos que dicen dedicarse a lo mismo que tú, pero que no son más que trozos de carne violentos y que poco o nada tienen que ver con esa máxima del Maestro Samurai Musashi:

lassamurai la fuente

José Díaz Jiménez

 

 

 

José

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"Si vis pacem, para bellum"

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