El viejo Samurai. Eskrima views.


Las historias de Armas son apasionantes. Me transportan a un mundo que ya dejó de existir pero con el que me siento identificado. Los Samurai y su espíritu ligado al de la espada han dejado incontables anécdotas que ciertas o no, me encanta rescatar. En el blog ya he hecho alguna vez mención sobre el gran Miyamoto Musashi un Samurai entre los Samurais.

Hace tiempo encontré esta historia que seguro muchos conocéis y que cuento un poco con mis palabras. Es una gran lección de sabiduría sobre lo que representa la lucha para alguien que pretende este camino. Habla de las transferencias que existen y se producen entre el mundo de las artes guerreras y los problemas de la vida “cotidiana”. En Eskrima o en general cuando hay armas implicadas en un enfrentamiento hay que tener muy claro el porqué se lucha, cual es nuestro camino. Templar el ánimo puede salvar nuestra vida. He querido ilustrar la entrada con un vídeo que me ha pareció especialmente bueno: “El viejo Samurai“.


En el antiguo Japón feudal, un viejo Samurai, ya retirado se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría por todo el país la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Un día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor de todos los tiempos. Era conocido por su falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con astucia e inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario, atacaba con una velocidad fulminante matando a su contrincante. Nunca había perdido un combate. Sabiendo de la fama del viejo samurai, fue hasta donde vivía para derrotarlo y así aumentar su fama. El viejo aceptó el reto sin vacilar y se vieron en la plaza del pueblo con todos los alumnos y gentes del lugar presentes. Como era de esperar el joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, le tiró piedras, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, a sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo lo imposible para provocarlo. El viejo maestro permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta humillación de manera cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido pero con honor.

– “Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo?” – preguntó el samurai.

– “A quién intentó entregarlo” – respondió un discípulo.

– “Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia” – dijo el maestro -, “cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo”.


José Díaz Jiménez

José

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"Si vis pacem, para bellum"

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