Ernesto Pérez Vera en Orihinal Eskrima.

Ernesto Pérez Vera, experto en armas de fuego, ex-policía y autor destacado y especializado en el tema nos concede una entrevista a Orihinal Eskrima.

Eskrima & Armas.

Un trabajo serio de Eskrima nos debería conducir casi instintivamente a investigar el amplio mundo de las armas de fuego y esa «realidad de vida o muerte« que viven quien las portan.

Si no lo tienes así de claro puede que sea el momento de empezar a darle vueltas al asunto.

Esta entrevista puede ser un buen comienzo.

Ernesto Pérez Vera

Pensando en este concepto y con la mente puesta en querer aprender más de gente que realmente conocen el asunto, se me ocurrió contactar con una de las personas que, muy posiblemente y a mi entender, más sabe y mejor transmite sus conocimientos sobre enfrentamientos reales armados en España.

Experto en armas de fuego, instructor de tiro, policía retirado (en acto de servicio), autor de una interminable lista de artículos especializados y también, por si fuera poco autor de dos libros al respecto de los enfrentamientos armados, en español y que aconsejo leer encarecidamente.

Para mi es un honor contar con este Maestro de la divulgación en este humilde blog.

Mis disculpas por haber tardado más de la cuenta en publicarla, pero hay veces que las cosas vienen sin ser llamadas y hay que lucharlas, gracias por haberlo entendido.

El proceso de la entrevista y sobre todo sus respuestas me han hecho disfrutar mucho y aprender más, ahí os la dejo, espero que vosotros la disfrutéis tanto como yo.

No tiene desperdicio.


La entrevista.

Antes de nada empezar agradeciendo que hayas atendido tan pronto a la propuesta que te lancé para hacerte una entrevista para este humilde blog que creo va en cierta sintonía con muchas de las cosas que tú te dedicas a divulgar.

Soy especialmente sensible con el asunto de las armas, la realidad de los enfrentamientos armados, la situación actual al respecto…

Así que siendo honestos, no se me ocurría nadie mejor que tú para ilustrarnos más profundamente sobre estos asuntos tan de actualidad. No creo que vivamos en un mundo “buenista” como el que nos han querido vender.

1-Empecemos por el principio: ¿cómo se definiría Ernesto Pérez a sí mismo en relación en lo que ha sido tu pasión toda la vida?

Gracias por tus palabras; y gracias, también, por querer contar con mi opinión en tu blog. Yo me defino tal y como tú lo has hecho en tu pregunta, como un apasionado del mundo de la seguridad, de todo lo relacionado con lo policial. Cuando en las conferencias me presentan como especialista en enfrentamientos armados o como instructor de tiro, siempre digo, cuando me toca hablar, que por encima de los diplomas y las titulaciones soy un apasionado, un vicioso de esta y de otras materias profesionales.

A veces han dicho de mí que fui un buen policía porque era bueno manejando y disparando armas de fuego. Pero también me gusta puntualizar esto, cuando toca: si alguna vez fui un buen policía no fue, ni mucho menos, porque las pistolas se me dieran bien; si fui un buen policía fue, seguramente, porque siempre lo di todo en la calle, ya fuese en un incendio, en la persecución de los abundantes traficantes de drogas que hay aquí, o cambiándole la rueda pinchada al coche de alguna persona necesitada de ayuda. Nunca miré para otro lado, en nada. Siempre quise más trabajo. Jamás llegué tarde al servicio. Todo lo contrario, llegaba bastante pronto para ponerme al día de lo que había sucedido en los turnos anteriores. Y claro, mil veces me fui mucho más tarde a mi casa por, precisamente, no mirar para otro lado aunque faltasen 15 minutos para la finalización de mi jornada laboral. Esto, aunque pueda parecerte mentira, me granjeó más enemigos dentro de la institución que fuera de ella. Pero siempre me resbaló, y ellos lo saben. Nunca me importó quién fuese el jefe del cuerpo, el alcalde y el sindicalista dictador de consignas. Vivía entregado al servicio, aunque el jefe fuese más de una vez un completo incompetente, el alcalde un sinvergüenza y el sindicalista de turno un sembrador de gandulería.

2 – Te sigo desde hace tiempo y me pareces de ese tipo de personas que ya escasean. Es decir, de los que van de frente. Esto de la pasión al servicio creo te viene de lejos. He leído que ya tu abuelo y tu padre (si no me equivoco) fueron policías. La pregunta es: ¿eres de lo que piensan que para dedicarte a este mundillo hay que nacer, o por contra uno se puede hacer?

En efecto, mi abuelo y padre fueron policías. Ambos se jubilaron cuando les tocó por edad.

El buen policía creo que se hace. A ver, yo creo que nací para ser perro pastor, para servir y proteger. Mi madre, que en gloria esté, siempre dijo que desde que empecé a andar y a hablar ya dejé ver que los uniformes me atraían mucho. No recuerdo haber querido ser en mi vida otra cosa que no fuese policía, como bien sabe quien me conoce desde la cuna. Pienso que además de contar con la pasión por esta profesión, en mí parece existir alguna habilidad especial que puesta al servicio del bien común siempre ha dado buenos frutos. Lo que no sé es si esa habilidad es innata o si la he adquirido y pulido a lo largo de mi vida. La cuestión es que la siento como algo natural en mí, razón por la que a veces veía demasiado bien y pronto cosas que otros compañeros no llegaban a detectar hasta que todo estaba hecho.

Pero dicho todo lo anterior, la experiencia me ha demostrado que los mejores policías que conozco y con los que he trabajado no eran apasionados de lo policial desde que eran niños. Los mejores y más fiables policías con los que me he jugado el pellejo en la calle ingresaron en la comunidad de las 3 pes, que es donde están las personas de placa, porra y pistola, por diversas razones que no están vinculadas con la vocación temprana. Estos, y no los que son como yo, son el verdadero motor de las fuerzas de seguridad. Te lo razono. Son muchos más, por lo que tienen más musculatura para hacer funcionar la maquinaria policial; son quienes mueven y mantienen engrasados los engranajes, cuando hay quienes pretenden secarlos, griparlos o inutilizarlos por falta de mantenimiento, o sea, por falta de uso, trabajo y producción. Espero que se comprenda el símil mecánico. Los vocacionales de cuna siempre dispuestos a darlo todo por todos son los menos. Ahora bien, hasta el más lerdo y gandul de cuantos coincidentes laborales me he topado en mi carrera profesional te dirá que él es la reencarnación de uno de los santos arcángeles, vista el uniforme que vista y ostente el empleo que ostente. Estoy hastiado y asqueado de verlo y oírlo. Y créeme, he conocido a mucha escoria de esta vistiendo trajes de todos los colores y con galones de todos los tamaños.

3 – Eres un luchador dentro y fuera de la arena (como suele decirse). Tuviste un accidente en acto de servicio que casi te cuesta la vida. De hecho sueles apelar a aquel fatídico momento como el día en que te mataron (creo que lo defines así). ¿Se aprende algo de estar en una situación tan extrema?

Así es, aunque haya gente a la que no le guste oírme decir que me mataron, así lo siento yo. Un accidente laboral, en forma de homicidio doloso tentado contra mi persona, me produjo serias lesiones físicas. Por mor de ello he tenido que ingresar 7 veces en quirófano. El día siguiente al del atentado me intervinieron de una fractura ósea en el tren inferior, la cual me retiró de correr, actividad física que me acompañaba desde la adolescencia, y con la que disfrutaba enormemente. Tras esto, me han intervenido neurológicamente a nivel de la columna vertebral incluso estando ya retirado del servicio, porque dejé de ser policía cuando iba por la segunda operación de neurocirugía espinal. Una vez que ya me jubilaron, volvieron a meterme 4 veces más en el quirófano. Lo pasé muy mal tanto a nivel físico como emocional. Todo esto me cambió la vida desde el primer día, entre otros motivos porque no me sentí para nada arropado por muchos miembros del cuerpo. Este daño, el de sentirse despreciado por los tuyos, es casi irreparable, como la literatura psicológica demuestra.

De morir me libré porque mientras estaban matándome le coloqué 2 tiros a bocajarro en una pierna a mi agresor. Pero un hecho tan claramente racional en cuanto al uso de la fuerza, fue puesto públicamente en duda por aquellos a los que nunca les caí bien dentro del colectivo, que no por casualidad eran los mismos con los que nunca hubiese ido a tomarme un café, como así fue siempre. Estos eran, tampoco por casualidad, personas cercanas al poder político y sindical, lo que por aquel entonces conformaba una misma cosa pringosa. Me hicieron daño a mí y a mi familia, principalmente a mi madre, porque hasta en los medios de comunicación locales se pronunciaron sujetos del cuerpo, y de fuera del mismo, a favor del narcotraficante que quiso acabar conmigo. Pero trato de olvidar para dejar de odiar. De un tiempo a esta parte parece que voy ganando la pugna, dado que estoy olvidando, aunque mi trabajo me cuesta. Eso sí, perdono antes a mi homicida, que está aún en prisión, que a quienes lo apoyaron desde círculos cercanos a mí.

4 – Profundicemos un poco, una pregunta así a bocajarro: ¿Qué significan para ti las armas?¿Qué crees que aportan al ser humano?¿Las crees necesarias en el mundo actual?

Para mí son herramientas. Eso sí, a mí estas herramientas me encantan como a un vicioso de la carpintería le gustarán unos serruchos más que otros. Por cierto, el mejor arma que hay es el que tienes a mano cuando necesitas defenderte, ya tengas cerca una pistola Glock, un tenedor o un bate de beisbol. Comencé a disparar en 1984, justo cuando cumplí 14 años. Me inicié en el tiro deportivo. Practicaba casi diariamente con todo tipo de armas de fuego cortas y largas. Lo mismo hacía tiro con pistolas y carabinas neumáticas, de aire, que tiraba con armas cortas de avancarga. Tiraba con militares, con guardias civiles, con policías y con particulares federados en tiro o caza. Con 17 años, cuando me fui al Ejército, ya había utilizado casi todas las armas de fuego de la época (las que se movían en España) y prácticamente había probado todos los calibres que puedas imaginar. Siempre vi las armas como herramientas de trabajo. Como te dije al principio, desde niño supe que sería policía, motivo por el que las armas de fuego formaron siempre parte de mi vida, aunque mi familia jamás me apoyó en esto. Anécdota: mi padre nunca me ha visto disparar. Él odia las armas, no le gustan nada en absoluto. Y a mi abuelo le sucedía lo mismo: fue combatiente en la Guerra Civil, y siempre decía que tuvo bastante con aquello y que por eso se mantenía alejado de esos trastos.

Las armas, de fuego o de otra clase, son los ingenios que nos han traído al siglo XXI. Empezamos a usarlas hace miles de años para cazar, extrayendo de tal práctica comida y abrigo, aunque también más armamento confeccionado con restos óseos. A la par que las utilizábamos cinegéticamente, también empezamos a emplearlas para defendernos de animales de todas las especies, incluida la nuestra. Durante milenios estuvimos así, hasta que hará unos 600 años comenzamos a ingeniárnosla para fabricar armas de fuego, una vez que descubrimos la pólvora y aprendimos a manejarla con seguridad. Al plomo y a la pólvora seguimos dándole el mismo uso que cuando éramos cavernícolas: la cacería y la defensa, aunque también hay quienes utilizan las armas ofensivamente; antijurídicamente. Bueno, y también hay quienes las usan deportivamente, aunque no sea cazando. Así pues, como siempre habrá “Homo sapiens” con ganas de agredir a congéneres, es preciso que existan armas en poder de quienes tengan que defenderse o en manos de quienes tengan que defender a terceras personas. Son el bien necesario e imprescindible de la sociedad, para poder combatir eficazmente a los malos innecesarios y prescindibles en la sociedad.

5 – ¿Cómo se le ocurre a un “tipo” que ha estado en “primera línea de fuego”, ponerse a escribir, a divulgar, a ir en contra de tanta gente que sigue patrones tradicionales y enquistados en el pasado? No suele ser el cliché habitual que la gente tiene en la cabeza de un agente de la autoridad (por desgracia).

Aunque no creara, yo escribía desde pequeño. Tenía una máquina de escribir Olivetti Lettera 32, regalada una Navidad por mi querida abuela Visitación. Disfrutaba transcribiendo lo que leía en revistas de policías primero y luego, siendo más mayorcito, lo que leía en publicaciones especializadas en armas. Así jugaba a ser el poli que toma las declaraciones, las denuncias, etc., porque un policía no solo es porra y pistola. Mis primeros artículos los escribí en 2005. Los publicaba, a modo de amplias opiniones personales, en foros de internet. Así estuve años, hasta que en 2008 me ofrecieron publicar en medios digitales e impresos. En 2009 creé mi propio blog, el cual, lamentablemente, me echa mucho de menos porque casi todo lo que ahora escribo se publica en otros sitios. Lo tengo casi abandonado.

Lo de nadar contracorriente, en esto del tiro policial, casi siempre ha ido conmigo. En la década de los años 80 del siglo pasado me decían que ciertas cosas eran como eran porque siempre se habían hecho así. No había discusión. Yo era un niño que entrenaba con gente muy experta que hasta tenía experiencia real luchando contra terroristas y delincuentes de todo pelaje. Si ellos decían tal o cual cosa, ¡quién era yo para decir que no me cuadraba! En los años 90 ya empecé a discrepar en muchas cosas, si bien no poseía información suficiente para argumentar con fuerza lo que en mi cabeza rondaba cuando por mi cuenta ponían en práctica determinadas técnicas y tácticas. Con la llegada del nuevo siglo tuve acceso a más publicaciones extranjeras sobre las que empecé a apoyarme para defender algunas tesis que, poco a poco, han ido reforzándose en mi pensamiento, en mi forma de entender el adiestramiento y la manera de ver los enfrentamientos armados. El mayor apoyo, a lo que yo ya me barruntaba, me llegó de la mano de 2 grandísimos profesionales españoles de las armas y de la docencia especializada en todo esto: Javier Pecci y Cecilio Andrade, ambos cabos primeros, de la Guardia Civil y de Infantería respectivamente.

Con el paso del tiempo me embarqué en proyectos literarios mayores, siendo 4 los libros que he publicado. Incluso escribo artículos de opinión para “La Voz de Cádiz” (Grupo Vocento), como también hago lo propio para varias cadenas de radio. Todo esto me ha venido sin buscarlo. Creo que de haberlo buscado, no lo hubiese encontrado. Toda la vida me preparé para lo mismo, para detener delincuentes, incautar drogas, recuperar vehículos y otros efectos sustraídos, etc. Si me hubieran dicho que terminaría escribiendo, no me lo hubiese creído. He leído tanto y a tantos durante tantos años, que aún no me he acostumbrado del todo a que otros sean los que ahora me leen a mí.

6 – Dice Jocko Willink, al que seguro conoces, que “hay que exponerse a la oscuridad para ver la luz”. Esta cita creo que es brutal. ¿Crees que sobre la realidad a la que os enfrentáis se aprende en la academia, o en otro tipo de círculos formativos o por contra se aprende con la experiencia y a toro pasado la mayor parte de las veces?

Willink, antiguo miembro de la prestigiosa y experimentada unidad especial de la marina norteamericana, sabe muy bien lo que dice. Hombre culto es, sin duda, pues Platón, el filósofo griego nacido cientos de años antes de Cristo, ya lo dijo en su alegoría de las cavernas, en aquello del mito de las cavernas. Voy a tratar de reducir mi respuesta con una cita mía a la que recurro infinidad de veces: no hay mayor adiestramiento que salir vivo del primer enfrentamiento. En la mayoría de las escuelas de policías no se dice toda la verdad sobre lo que es y lo que supone dispararle a otros seres humanos. Es más, en casi todas las escuelas se oculta esta verdad o directamente, y no sé qué es peor, se desconoce la verdad. Poco a poco, y solo en unas pocas escuelas de policías de las muchas que hay en España, se empieza a hablar de esta cruda y nunca deseada realidad.

7 – ¿La práctica hace la perfección o la práctica perfecta hace la perfección?

Respuesta casi filosófica es la que me pides, amigo. Creo que tu segunda frase se ajusta más a lo que yo creo que es. Si te pegas toda la vida practicando mucho algo que está mal hecho, te convertirás es un perfectísimo hacedor de algo que está mal hecho. Eso sí, lo harás perfectísimamente mal. Un famoso campeón internacional de golf decía que cuanto más entrenaba, más suerte tenía en las competiciones. ¿Lo pillas? Eso sí, este golfista seguro que entrenaba bien y no solo mucho. No obstante, si cuanto más entrenemos y mejor lo hagamos mejor podremos responder ante un caso real, ello no es óbice para que mil factores puedan determinar el resultado final de nuestras acciones, por inmejorable que sea el adiestramiento y por basado que esté en la realidad de la calle y en la propia forma de comportarse el cuerpo y la mente humana ante el peligro. Es por esto por lo que se fallan disparos, por lo que no se dispara cuando a todas luces toca hacerlo, o por lo que hasta se abre fuego cuando no corresponde disparar. A más y mejor instrucción realista, menores posibilidades tendremos de equivocarnos y de errar.

Dentro del plan de entrenamiento con armamento hay que incluir, sí o sí, el condicionamiento mental, el creerse que puede llegarnos el día en el que tengamos que matar a alguien, por mucho que este sea un acto indeseable. Todo no es tirar, tirar y tirar, ni hacer súper cambios de cargadores en seco o en la galería. También tenemos que visionarnos haciendo el más difícil todavía, o sea, tenemos que entrenar nuestra sesera para que, llegado el momento, podamos disparar en la vida real tal y como nos lo hemos planteado en los «visionamientos». Esto, que funciona en todos los deportes cuando se compite a alto nivel, es plenamente válido para la realidad del a vida o muerte. Hasta los toreros lo practican, como describo en alguno de mis libros.

8 – He visto que te dedicas, aparte de a divulgar, a instruir a fuerzas de seguridad, militares y también a civiles. Para que un entrenamiento con armas sea fiable, es decir, sea lo suficientemente efectivo para brindar y transferir los atributos necesarios que nos ayuden a afrontar la realidad, ¿qué debería comprender?

Lo primero es, tal vez antes de aprender a manejar tu arma, comprender qué es la legítima defensa y cómo ha de manejarse este concepto jurídico de cara no solo a la utilización de las armas de fuego, sino también cuando únicamente hay que dar empujones, golpes o botellazos si encarta. Si no sabes cuándo te ampara el ordenamiento jurídico en esto de defender tu integridad física (o la de otro), de nada me sirve que seas un as del tiro de los que pone la bala donde pone el ojo. Que un soldado de infantería deba ser un buen corredor, un atleta, no significa que los clubes de atletismo sean semilleros de unidades de operaciones especiales. Una vez que supieras bien cuándo correspondería emplear ley en mano el fuego contra semejantes, te enseñaría lo que más mola, que es apretar el gatillo. Y sí, gatillo está bien dicho, aunque “cola del disparador” o “disparador” a secas también son términos correctos por ser, según la Real Academia Española, sinónimos válidos.

Te enseñaría a apuntar correctamente, utilizando los elementos de puntería. Te explicaría los fundamentos del tiro apuntado. Antes te habría explicado cómo funciona mecánicamente un arma en general y la tuya en particular. Haría mucho hincapié en lo trascendental que es hacer un correcto «empuñamiento». Conmigo empezarías a practicar tiro de precisión a corta distancia: a 5 metros y con toda la tranquilidad del mundo. Te corregiría los errores en el agarre y en la posición del cuerpo. Estos 5 metros de distancia y la paz con la que lo harías todo, porque lo harías sin tiempo límite y por supuesto sin gritos ni empujones, insultos menos todavía (hay quien enseña así), te darían seguridad, confianza. Colocarías los proyectiles donde yo te dijera. Poco a poco te iría distanciando del blanco hasta que finalmente fueses capaz obtener los mismos resultados, pero ya desde cada vez más lejos. He comprobado que los principiantes deben empezar creyéndose que pueden lograrlo, y para ello hay que comenzar con lo más fácil y transmitiéndoles mucha calma. A un niño que acaba de aprenderse las vocales nadie le pediría que a la semana redactara notas de prensa. Pues en lo mío es igual, hay que empezar de cerca, despacio y casi regalando elogios para que el tirador novel se sienta a gusto y no un botarate, como he visto que muchos instructores quieren que se sientan sus novatos alumnos. Distintos grados de dificultad se irían incorporando poco a poco a la enseñanza, pero más tarde.

Cuando ya fueses capaz de hacer perfectos disparos de precisión a como muy poco 15 metros de distancia, sintiéndote cómodo y seguro manipulando la pistola, te hablaría de dar en el blanco sin emplear los elementos de puntería, pero lo haríamos desde rangos mucho más cortos. Llegarías a comprender que cuando el ataque se produce a corta o muy corta distancia, más todavía si éste sobreviene inesperadamente, apuntar como antes se convierte en un lujo, en un consumo de décimas de segundo, que casi nunca está al alcance de la supervivencia de la vida real en la calle. Y claro, te hablaría de cómo reaccionamos biomecánica, fisiológica, biológica y psicológicamente las personas cuando estamos a un tris se ser apuñaladas, por ejemplo.

Seguramente no tardarías nada de tiempo en comprender que desde 3, 4 o 5 metros, e incluso desde menos distancia, con únicamente levantar el arma a la altura de tu rostro tendrías suficiente para poder colocar los disparos en un torso, siempre que el «empuñamiento» fuese el correcto, siempre que tus ojos estuviesen focalizando la fuente del peligro y siempre que, por supuesto, lo hubieses practicado. Una vez que dominaras esta forma de tirar en estático, lo haríamos en movimiento, tanto reculando como realizando desplazamientos laterales de un modo muy natural, pero también avanzando. Te sorprenderías al comprobar cómo allí donde tu visión estuviese focalizada, estarían entrando todos tus proyectiles, con más o menos precisión (con pocos centímetros de separación los impactos). Pero más te asombraría verificar que aunque no hubieses buscado la correcta alineación del alza y el punto de mira, la mucha práctica te habría hecho desarrollar tal habilidad que al dirigir tu mano armada (o las 2, si tiras a 2 manos) hacia el objetivo, acomodando tu cuerpo de un modo concreto, los útiles de puntería estarían bastante o completamente centrados con tu aparato ocular, pues habrías aprendido a “apuntar” con el cuerpo, habiendo desarrollado así una suerte de habilidad visto-motora. Sería algo así como un instinto adquirido mediante la mucha práctica, mediante la repetición sistemática.

Esto, obviamente, no se hace para acertar ni a medias ni a largas distancias; ni tampoco para colocar caprichosamente disparos en botones de camisas. Esto se hace para sin demora alguna, en situaciones de máxima urgencia, poner plomo en troncos o en otras partes del cuerpo sobre la que estemos fijando con total atención el sentido de la vista. Sería, para terminar, como si estuvieras con naturalidad señalando con el dedo índice o con la mano completamente cerrada sobre sí (señalando con el puño). Si a distancias cortas adviertes que tu mano armada está centrada en el blanco, los disparos entrarán siempre que el agarre sea el adecuado, aunque no puedas, por pura premura, gastar tiempo en buscar los elementos de puntería para enrasarlos del modo que sí podrías hacerlo cuando vivir o morir no depende de un solo segundo. Dispararíamos hasta desde distancias tan escuetas que tendrías que apretar el gatillo desde la altura de la cadera, bien con el arma detenida cerca de la funda tras ser extraída, bien a la altura del abdomen mientras buscas el camino del encare. Y en este caso, con la debida práctica y dada la extrema cercanía del objetivo, además de la urgencia propia de la situación, también serías capaz de hacer impacto aun cuando no subieses el arma hasta el rostro; y no elevarías el arma tan arriba porque, precisamente por la cortísima distancia entre tu cuerpo y el del malo, ello supondría regalarle tiempo de ataque al antagonista.

Terminarías comprendiendo que el tiro de enfrentamiento, el de supervivencia, es dinámico casi por definición, excepto cuando la situación no te sorprende y por ejemplo te hallas parapetado, o sea, a cubierto y a una distancia tal que los metros de separación te otorgan, casi sin pensarlo, cierto nivel de tranquilidad o de menos estrés. Son muchas más cosas las que tendría que decirte, pero todas ellas están ampliamente plasmadas en mis artículos y libros. Pero atención, nada de todo lo anterior vale de nada si no has alimentado previamente tu mente con la firme y decidida voluntad de matar, llegado el caso. Esto se puede entrenar con más o menos éxito, según sea la personalidad y el carácter de cada cual. De boquilla y ante papeles y cartones todo es más fácil que ante seres humanos armados con pistolas, cuchillos y con ganas de sembrar cadáveres. Cuando el blanco además de ser una persona se mueve, grita, amenaza y ataca decididamente sin avisar y apareciendo por donde no se le espera… todo cambia y nada es como en una galería de tiro.

9 – Me interesa mucho la visión que se despeja desde tu posición, un experto en armas de fuego, con respecto a las armas blancas (que son las que trabajamos en Eskrima). Has hablado reiteradamente sobre lo peligroso de este tipo de armas y de la necesidad de tomar conciencia al respecto. ¿Puedes hablarnos un poco de este asunto?

Siempre he dicho que le temo más a un ataque con cuchillo que a un ataque ejecutado con un arma de fuego. Una estadística norteamericana revela que el 60% de los acuchillados fallece, mientras que el 60% de los tiroteados sobrevive. Como sabes, hasta un niño podría matarte con un cuchillo, pero no es tan seguro que el mismo niño pudiera cepillarte con un arma de fuego. El manejo y empleo de las armas blancas forma parte de nuestro acervo evolutivo. Su ancestral existencia hace que cualquiera utilice un cuchillo con, como poco, un mínimo de destreza, aunque sea para cortar el filete del almuerzo o para mondar una manzana. La pistola lleva en nuestras manos menos de un milenio, mientras que el arma de filo lo manejamos desde hace decenas de milenios. Más a mi favor, las armas de fuego las empleamos una escasísima porción de la población mundial. El cuchillo, en cualquiera de sus vertientes, lo usa el 100% de la población mundial. Eso sí, afortunadamente muy pocos lo utilizan antijurídicamente, pero quienes tiran de él no requieren de instrucción previa para ser letales. ¡Ah!, un cuchillo no falla ni sufre interrupciones como sí podría sucederle a cualquier arma de fuego.

10 – La mayoría de mis maestros han formado parte de las fuerzas de seguridad, Departamento de Policía de Los Ángeles, Departamento del Sheriff de Los Ángeles, ex-militares. Todos ellos me han inculcado la idea de que “armas son armas “. Es decir, que hay algunos conceptos generales que se replican dando igual el tipo de arma que portes. ¿Estás en esta línea o crees que no hay conceptos generales tanto en el uso como en la posible “defensa”?

Antes de hablarte de esto, hay que tener presente que cada ordenamiento jurídico ampara unas cosas y prohíbe otras, tanto para bien como para mal. Pero un martillo o una botella de vidrio rota no son armas hasta que las emplean para lesionar o intimidar. Si una persona tratara de aterrizar su martillo o su botella de cristal en mi cuerpo, lo que sugiere que el ataque se estaría desarrollando a cortísima distancia, yo desearía estar muy lúcido para interpretar que mi integridad física se encuentra en grave, inminente y manifiesto peligro, por lo que si no me bloqueara emocionalmente… trataría de neutralizar la acometida. Situaciones como esta se producen muchas veces al año en España, acabando los antagonistas muertos o heridos por disparos realizados por funcionarios policiales. Y no, ninguno suele acabar en prisión ni expulsado del cuerpo. Muchos no tienen ni que ir a juicio. Algunos ni declaran ante un juez, haciéndolo solo ante los miembros de la unidad policial de investigación. La infinita mayor parte de la veces los procedimientos se archivan, y cuando sí se acaba en juicio, casi siempre es porque se ha ejercido una o más de una acusación particular. Pero es que aunque exista acusación pública, de la Fiscalía, casi siempre se falla a favor del funcionario, dado que solemos emplear las armas conforme a la doctrina emanada del Tribunal Supremo. Otra cosa es que muchos profesionales y legos no quieran verlo, saberlo y menos todavía decirlo. He descubierto que muchísima gente desea vivir en la ignorancia para alegarla y esgrimirla cuando la cague tanto por exceso como por defecto. El “yo es que no lo sabía” parece que queda mejor que el “no me atreví, porque soy un cobarde”, mejor que el “soy muy torpe disparando, porque ni me enseñaron ni tampoco quise que me enseñaran” o mejor que el “me equivoqué porque estaba abducido por el estrés que aquello me generó”.

11 – En tus charlas y conferencias hablas de los diferentes aspectos que se conjugan en un enfrentamiento real armado producido por sorpresa (cóctel molotov habitual). Das mucha importancia a los aspectos fisiológicos, pero también psicológicos. La realidad es esa cosa sin compasión que no avisa y ocurre de repente. ¿Qué tan importante son estos aspectos tan humanos (y animales)?

Son tan naturales como vitales. Cuando el cerebro interpreta que una situación puede derivar en nuestra aniquilación, muchas cosas cambian dentro de nosotros. Todo cambia dentro de nosotros. Estos cambios biológicos y fisiológicos, pero también psicológicos, podrían hacernos reaccionar de modos muy diferentes a como actuamos en los entrenamientos. A veces no podremos hacer determinadas cosas y, sin embargo, sí podríamos hacer cosas inimaginables durante una situación de reposo emocional. La niebla de la supervivencia, le llamo yo. “Si nos conocemos bien por dentro, mejor podremos responder por fuera”, es una frase que utilizo mucho. Este tema me encanta, podría darte una respuesta de 10 folios.

12 – Tenía que preguntarte sobre él; Mr. Dave Grossman. Soy fan incondicional de su forma de transmitir sobre todo estos asuntos. Tú lo has conocido en persona y lo sigues muy de cerca. ¿Qué tal fue la experiencia?

Pues mira, voy a aprovechar para agradecerle nuevamente a Itepol que lo trajera a España. Hay que felicitar a Itepol por todo lo bueno que está haciendo en aras de la debida formación policial. En la década de los años 90 fui varias veces a Estados Unidos. Aunque pegué tiros allí, mis viajes tenían otro fin principal que no viene al caso. La cuestión es que allí me facilitaron artículos de Dave y de otros autores. Como no hablo inglés, me los tradujeron. Lo que me tradujeron colisionaba al 200% con lo que en España me decían aquellos en los que yo confiaba mi adiestramiento. Tardé unos cuantos años en entender y asimilar que lo que Grossman vertía en sus artículos era del todo cierto. Antes de que 2 de sus libros estuviesen editados en español, me los tradujeron casi íntegramente. Una vez que los leí en nuestra lengua, celebré haber asimilado bien lo que años antes me habían traducido.

Conocer a Dave y pasar un día completo con él, interprete de por medio, fue muy importante para mí. En mi casa, donde tengo un rinconcito muy especial y personal, hay enmarcadas algunas de las fotografías que nos hicimos juntos. Intercambiamos opiniones y nos contamos anécdotas personales, profesionales y editoriales. Él, como yo, también estudia casos reales. Hablando de casos reales, en 2019 Itepol trajo, para dar una conferencia, a mi amigo Edmundo Mireles, el veterano agente especial del FBI que finiquitó uno de los tiroteos más famosos de la historia policial, el de Miami en 1986. Edmundo ya ha publicado en español su libro sobre el mítico caso. Lo recomiendo.

13 – Tus libros son de los pocos que existen del tema que nos ocupa en español. ¿Fue complicado enfrentarte a esa vacía que existía? ¿Puedes hablarnos algo sobre tu obra? ¿Y por qué crees que hay tan poco en español de este tema cuando en otros países es muy habitual poder acceder a literatura de, por ejemplo ex-combatientes que cuentan su experiencia en combate?

Mis libros son una enorme satisfacción personal. He disfrutado y aprendido mucho mientras los escribía y me documentaba para elaborarlos. Un libro no es un huevo que se echa freír, como a veces creo que piensan algunos. Al menos no se escribe así un libro que aspira a inspirar. En español y en España sí hay libros sobre tiro, sobre policías y sobre todas estas cosas, siendo algunos de ellos buenísimos y de imprescindible lectura, como el de Javier Pecci, Cecilio Andrade y el primero de David Berengueras (el segundo no lo he leído). En lo que los míos son diferentes a los demás es, desde mi punto de vista, en la forma en la que abordo el asunto, puesto que entrevisto a personas que han sobrevivido a tiros, matando, hiriendo. Además, analizo las diligencias policiales y judiciales, pero también las resoluciones judiciales de cada caso. Pero sobre todo, opino abiertamente. Son mis obras, por tanto, ensayos literarios divulgativos y no libros técnicos.

14 – Aparte del maestro Grossman, ¿alguna recomendación de lecturas o alguien que tú sigas?

Anteriormente te he referido tres nombres. Pero suma este otro: Edmundo Mireles, mi amigo héroe del FBI al que antes también te hice mención. Indaga sobre él y verás. Vas a flipar.

15 – Por cierto y muy al caso, hace nada has publicado un libro muy reactivo y con un título que no deja pie a dudas: “Policías: muerte en la calle: Anatomía del tiroteo”. Es una continuación de tu primera obra “En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados” (me encanta el título) o “no tienen nada que ver”.

Es mejor que el anterior. Estoy seguro de ello. Pero igualmente te digo que se complementan mutuamente. Narro casos reales como en el otro. Los casos son fresquísimos. Su lectura tal vez resulte más atractiva, por la propia estructura interna de la obra. Lo he hecho para que el lector se crea uno más dentro de cada capítulo, algo que ya se logró con el otro, solo que con este título uno se derrama, en cuanto a lo literario, más rápidamente en cada episodio. Algunos de los protagonistas reconocen en el libro que dispararon para salvar el pellejo porque me oyeron hablar de ello en una conferencia, puesto que sus instructores, ante supuestos concretos, siempre les habían recomendado no defenderse usando la pistola, para evitar ser penalmente condenados; para eludir el marrón. ¡Ni a juicio tuvieron que ir!

16 – Hay mucho iluminado que habla sobre realidad desde su mundo virtual de butaca y teclado. Te atacan muchas veces por hablar claro. Sé que no les prestas mucha atención. Pero siendo tan poco maleable la realidad de un enfrentamiento, ¿por qué piensas que los vende humos aún siguen haciendo su agosto?

Hace unas semanas una persona a la que no conozco me preguntó en una red social que por qué hay quien me llama vende humo. Yo no lo sabía, pero era de esperar que alguien me tildara de eso en algún momento. Me lo advirtieron hace años, y ha pasado. También me dijeron que me lo dirían, en muchos casos, por ser policía local. Igualmente me dijeron que si fuese de otra fuerza o extranjero, no me dirían eso pese a que yo defendiese lo mismo. A más de uno le he dicho que es un fantasma, un cobarde, un inútil y muchas cosas más. Lo digo sin ocultarme tras pseudónimos, lo digo con mi nombre y apellidos. Me consta que hay docentes de cuerpos estatales que ante sus alumnos presumen de atacarme en las redes sociales a través de varios perfiles falsos, o sea, con nombres inventados. Ellos mismos lo admiten cuando alguno de sus alumnos les reconoce ser lector mío. Lo triste es que, ante la réplica de algún educando, confiesan que lo hacen solo por odio, no porque estén o no conforme con mis tesis. Alguno me ha llegado a decir, en un caso a la cara, que siendo agente local no puedo saber sobre estas cosas y mucho menos puedo dedicarme a publicar al respecto.

Cuando descalifico a alguien suelo hacerlo con argumentación, y como respuesta a una ofensa previa. Si quienes jamás han estado en una situación violenta real, si quienes juegan a ser miembros del SWAT de su barrio, si quienes solo saben de divertimento y no de supervivencia a puñetazos en la puerta de un pub, a cabezazos dentro de un coche o a tiros en un a vida o muerte me dicen qué se siente y qué es lo que sí y lo que no va a funcionar en esos momentos, pues entonces a esos los mando a seguir fantaseando con ser soldados o policías. La pena es que algunos son profesionales del sector. Para mí todo esto está por encima del entretenimiento, de la diversión y del deporte. Para mí es otra cosa, y no tengo que pedir perdón por ello. Yo no he jugado a esas cosas desde los 14 años de edad. Yo me preparo para intentar sobrevivir en situaciones reales; me preparo para la vida real y no para la vida del churreteo pasteloso. Me preparo para arrostrar situaciones que pudieran comprometer mi vida o la de terceros. No me preparo para divertirme los domingos con los colegas dándonos bolazos unos a otros, lo cual no repruebo en absoluto, a no ser que un aficionado disfrazado de marine venga a darme lecciones de cómo hacer aquello de lo que no tiene ni pajolera idea.

¿Te imaginas que por jugar yo con el simulador de vuelo de mi hijo me atreviera a decirle a un piloto de Iberia cómo tiene que aterrizar en Miami cuando está lloviendo? Ese piloto, con más razón que un santo, estaría legitimado para mandarme al carajo todos los días, cada 15 minutos. Pues eso mismo hago yo con los zampabollos que se disfrazan de navy seal para decirme cómo tengo que derribar en la Atunara (barrio de La Línea de la Concepción, Cádiz) a quien se me resiste a una detención o cómo tengo que dispararle a quien intente matarme en un soportal de las Palomeras (otro barrio de mi pueblo).

17 – ¿Algo que quieras añadir, algún consejo a la gente que te lee, o que se dedica al mundo de la seguridad?

Sí, que aquellas personas que pudieran tenerme como referente no se crean nada de lo que digo, solo porque yo lo diga. Que nadie se crea a pies juntillas nada. Todo ha de ser digerido mentalmente y, si es posible, ha de ser verificado. Una vez hecho todo esto, que cada cual saque sus propias conclusiones. Empero hay un problema, existe una enorme falta de cultura lectora, lo que desemboca en malas interpretaciones por insuficiente comprensión lectora. Anécdota: un policía me felicitó por un artículo en el que trataba las bondades de la doble acción. Pues seguidamente me preguntó si yo estaba a favor o en contra de la doble acción. No me ha ocurrido solo una vez.

18 – ¿Donde puede la gente encontrar o seguir tu trabajo, que sin duda es más que profesional y escaso en español?

Mis libros están publicados con Tecnos, la editorial universitaria, filosófica y jurídica del Grupo Anaya, así que pueden adquirirse en casi cualquier librería física o a través de internet. Me consta que Amazon los vende como rosquillas. Mis artículos están disponibles en mi blog, “Tiro Defensivo Campo de Gibraltar”, en “Último Cartucho” (página web) y en una ingente cantidad de sitios donde se publican textos en nuestra lengua.

¡Muchas gracias por todo, de verdad!


Jose Díaz Jiménez
José

José

"Simple but not easy"

3 comentarios

  1. Entrevista tan buena como necesaria.
    Necesaria porque la preparación en armas de fuego o de filo no difieren (excepto en cuestiones mecánicas), y el Sr Pérez Verá es alguien FIABLE, no un payaso táctico de los que abundan por ahí…

    Gracias José!!!

    • Es una buena entrevista, muy buenas respuestas, estoy muy orgulloso del resultado.

      Gracias como siempre por los comentarios!

      • Gracias Ernesto por tu labor divulgativa. Despertando conciencias y abriendo ojos, cerrados durante mucho tiempo, gracias por agitar, con la fuerza y pasión que te caracterizan, las ramas de este árbol llamado “zona de confort”. Mi reconocimiento por todo lo que haces por la comunidad policial. Un abrazo.

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