Eskrima, Alan Watts y «dejar de intentarlo».

Decubrí a Alan Watts muy jovencito, cuando pude hacerme con una copia del Tao del Jeet Kune Do de Bruce Lee. Este libro es quizás uno de los que más puertas filosóficas me han abierto, más tarde influirían en mi Eskrima y evidentemente en el concepto Fightlosofia (fightlosophy).

Eskrima, práctica fightlosofica y el Maestro Alan Watts.

Eskrima es como un cuenco lleno de «nada». Lo extremadamente interesante es que ese cuenco debe ser llenado con la propia experiencia al servicio de las armas.

Alan Watts es uno de los filósofos que mejor supo tender puentes entre la mentalidad de oriente y occidente. Ya he hablado de él en otras entradas, junto a Krishnamurti son dos de mis personajes filosóficos de cabecera.

Alan Watts es una de las figuras más controvertidas del pensamiento que se suele llamar «contracultura». Como antes señalaba es uno de los primeros en traducir la sabiduría oriental al lenguaje occidental, a través de reflexiones críticas de lo que supone la vida diaria. Pese a que falleció en 1973, sus reflexiones siguen siendo totalmente actuales en nuestro tiempo.

Con Alan Watts uno se cuestiona cosas, uno se confunde, se ríe, se asombra, en definitiva; aprende. Es posiblemente uno de los pensadores más complicados de encasillar, creo que ese era su objetivo. Tiene una lucidez provocadora y es capaz de mostrar su sabiduría de la forma más simple (que no fácil).

Si te interesa su filosofía, en YouTube puedes encontrar muchos audios donde su voz envolvente es la protagonista, tiene una extensa bibliografía y hay miles de artículos sobre su obra en internet.

Hay una reflexión suya sobre el dinero que me gusta especialmente (al final de la entrada inserto un vídeo en el que el mismo Maestro nos habla al respecto):

Olvídate del dinero. Porque, si dices que obtener el dinero es lo más importante, gastarás tu vida perdiendo el tiempo. Estarás haciendo cosas que no te gustan para seguir viviendo, es decir, para hacer cosas que no te gustan, lo cual es estúpido. Es mejor tener una vida corta llena de cosas que te gusta hacer, que una vida larga y miserable”.

Eskrima y aprendizaje.

  • Cuando enseño Eskrima suelo encontrarme muchas veces con una barrera implícita por parte del estudiante que se traduce en una necesidad de perfección instantánea que los frena. Intentan hacerlo todo tan bien, que sin saberlo, ellos mismos se limitan y frenan, no progresan.
  • Aunque parezca un poco contradictorio suelo incidir mucho en el hecho de que «no hay que hacerlo bien, hay que disfrutarlo». De lo contrario la frustración hace acto de presencia y en vez de avanzar, retrocedemos.
  • Hay que saber encontrar el equilibro complejo entre combate y actitud lúdica, esa intersección se llama «estudio del movimiento» y disfrutar de él es fundamenal.
  • GM John Mac siempre me hace alusión al ambiente de camaradería, compañerismo y risas que existía cuando Manong Cacoy entraba en la sala de práctica. Considero que hay que trabajar con esta actitud, no debemos tomarnos demasiado en serio a nosotros mismo, menos cualquier actividad. Avanzaremos relativizando el contexto.
  • El Maestro Alan Watts lo explica evidentemente mucho mejor que yo, él habla de «dejar de intentarlo».

Es un proceso complicado este de la Eskrima. Es un camino que requiere de una energía muy concreta; hay que soltar, hay que relajarse, hay que disfrutar y sobre todo hay que simplificar. Todo ello aderezado con la idea de la supervivencia basada en la resistencia y la gestión de estrés.

En esta entrada os hago una traducción, me disculpan los puristas pero no es mi profesión, e igualmente inserto el texto original (recomendado totalmente) para que puedan estudiar con mayor profundidad el asunto.

Se trata de una bella y profunda reflexión sobre la «no acción», «la ilusión del ego» y sobre todo el concepto de «dejar de intentarlo».

Texto de Alan Watts.

«Si vas a ser un arquero experto, debes disparar antes de pensar, de lo contrario será demasiado tarde. No apuntas y luego disparas. Es una sola acción. Y esto es así de cierto, igualmente, en cualquier forma de disparo, también con pistolas, si apuntas, decides y luego disparas, puedes hacer cosas como apretar el gatillo en lugar de presionar. Se hacen todo tipo de cosas erróneas. Siempre llegas un momento tarde si decides primero. Tienes que actuar y decidir simultáneamente. Entonces, ¿qué hace eso, ves? Eso plantea un problema muy curioso, que en su propio término se convierte en un problema. Actuar e intentar lo suficientemente rápido para superar la decisión preliminar. Intentar, no decidir con anterioridad. Y este es un problema imposible.

Me pregunto si alguna vez has leído la historia de Von Kleist sobre «el oso de pelea». Se incluye en el libro de Nancy Wilson Ross «El mundo del Zen como una especie de Zen occidental». Es la historia de un hombre que se pelea con un oso de circo. Y el oso lee su mente. Y siempre previene cualquier ataque que le haga. No hay absolutamente nada que pueda hacer para superar al oso. Y así, de la misma manera, podrías imaginar a un gurú que lee la mente y siempre sabe si tú decides antes de actuar. Y si lo hace, verás, el diablo lo atrapará. En lugar de decidir que ya no serás alcohólico, lo único que puedes hacer es no beber sin una decisión previa al respecto.

Pero, ¿cómo puede alguien hacer eso? Esta es la pregunta. ¿Cómo puedo «decidir no decidir»? ¿Cómo puedo informar que no haré ningún anuncio sin hacer una advertencia? Verás, no hay forma de salir de este aprieto. Por mucho que lo intentes, seguirás y seguirás intentándolo, como hizo Herrigel, soltar la cuerda del arco sin pensar que primero debía soltarla. Pero entonces, curiosamente, un día sucedió. Él lo hizo. Y esto está implícito en nuestro aprendizaje de casi todas las técnicas. Trabajamos y trabajamos para lograr ese punto final de perfección, y no llega, no llega. Y luego, un día sucede. Ahora bien, ¿cuál es la razón de esto?

Es simple, y esto es realmente, ya sabes, una forma en la que normalmente se explica. Pero esta es una simplificación excesiva. No es que lo hayamos practicado con tanta frecuencia que de repente uno se vuelve perfecto. Es mucho más sutil que esto. Lo que pasa es que hemos practicado con tanta frecuencia que descubrimos que no podemos hacerlo. Y sucede justo en el momento en que no puedes hacerlo. Cuando llegas a un cierto punto de desesperación, cuando sabes que eres el único niño extraño que nunca podrá nadar, en ese momento estás nadando. Porque la desesperación y la total incapacidad de hacerlo te ha llevado a un punto que podríamos llamar «no me importa». Deja de intentarlo. Deja de no intentarlo; tratando de conseguirlo de esa manera. Acabas de llegar a la idea de que tu decisión, tu voluntad, no tiene nada que ver con el asunto. Y eso es lo que necesitabas saber. Ya ves, has superado la ilusión de tener un ego separado».


«If you are going to be an expert archer, you must shoot before you think, otherwise it’ll be too late. You don’t aim and then shoot. It’s all one action. And this is true, likewise, of any sort of shooting—pistol shooting as well—that, if you aim, if you decide and then fire, you’re apt to do things like pulling the trigger instead of squeezing. All kinds of wrong things are done. And you’re always a moment too late if you decide first. You have to act and decide simultaneously. So what does that do, you see? That puts up a very curious problem, which in its own term becomes a bind. To try and act quickly enough so that you overtake the preliminary decision. To try not to decide first. And that is an impossible problem.

I wonder if you ever read von Kleist’s story about the fighting bear. This is included in Nancy Wilson Ross’s book The World of Zen as a kind of Western Zen. It’s a story about a man who has a fight with a circus bear. And the bear reads his mind. And always forestalls any attacks that he makes on it. There’s absolutely nothing he can do to get past the bear. And so, in the same way, you might imagine a guru who is a mind reader, and he always knows if you decide you before you act. And if you do, you see, the devil will catch you. Instead, you see, of deciding that you won’t be an alcoholic anymore, the only thing to do is not to drink without any previous decision on this matter.

But how can anyone do that, you see? That’s the question. How can I decide not to decide? How can I announce that I won’t make any announcement without making an announcement? You see, there is no way out of that bind. Try as you may, you’ll go on and on and on trying, as Herrigel did, to release the bowstring without thinking first to release it. But then, strangely enough, one day the thing happened. He did it. And this is involved in our learning of almost all techniques. That we work and work to achieve that final point of perfection, and it doesn’t come, it doesn’t come. And then one day it happens. Now, what is the reason for that?

Is it simply—and this is really, you know, a way it’s usually explained. But this is an oversimplification. It is not that we have practiced it so often that it suddenly becomes perfect. It is much more subtle than that. What happens is that we’ve practiced so often that we find out we can’t do it. And it happens at the moment you can’t do it. When you reach a certain point of despair, when you know that you are the one weird child who will never be able to swim, at that moment you’re swimming. Because the desperation and the total inability to do it at all has brought you to a point which we might call “don’t care.” You stop trying. You stop not trying; trying to get it that way. You just have arrived at the insight that your decision, your will, doesn’t have any part in the thing at all. And that’s what you needed to know. You’ve overcome, you see, the illusion of having a separate ego.»



Jose Díaz Jiménez
Jose

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