Eskrima, ser un instructor honesto.

Eskrima es un arte limitado en ciertos aspectos, bajo mi punto de vista esto no le resta ni importancia ni eficiencia, es más le imprime un carácter único en el que trascender el estilo es parte del proceso de ser eskrimador.

Eskrima y enseñanza.

En estos tiempos que corren, tiempos de modernidades en los que «todo vale sin que valga nada», hay cierto tipo de conceptos que considero que deben ser rescatados, recordados y remarcados.

Eskrima son armas. Es algo aparentemente simple de entender, pero es tal cual. Que puedas o no aplicar ciertos conceptos a tus manos vacías no es cuestionable. Pero siendo totalmente honesto, y poniendo un ejemplo a uso, si te encuentras en la calle sin armas y el tipo que tienes delante resulta ser bueno soltando puños… tienes un problema (al menos que tengas tiempo de sacar tu arma y buscarte un problema con la justicia).

Hay cierto tipo de ideas que parecen pulular en los mundos eskrimológicos y es que resulta que los eskrimadores saben de todo por ciencia infusa. Es decir, veo por ahí gente ofreciendo programas «super cool» en los que te enseñan a luchar (sin tener ni idea de lucha ni haber luchado nunca), te enseñan a boxear (sin tener ni idea de boxeo ni haber boxeado nunca), te enseñan a someter (sin idea de sumisiones no haber sometido nunca), te enseñan a disparar (sin tener ni idea de tiros – nunca han disparado).

Y este es el punto en el que quiero incidir. Armas son armas, no hay que entrar en el debate de la importancia radical que imprimen a la autodefensa actual, pero por favor, seamos sinceros con nosotros mismos y con el resto si es que resulta que tenemos la osadía de enseñar (lo que sea que creemos saber).

En ocasiones durante alguna clase, algún alumno intrépido me ha pedido ayuda en algún aspecto de sus juego. Normalmente y hablando de armas o de mi bagaje anterior, intento desde la simplicidad cubrir esa interrogante, pero hay algo que aprendí hace mucho tiempo, a no engañar y si hay algo que no sé, prefiero ser honrado y limitarme a demandar ayuda por otros cauces.

Me explico con dos ejemplos:

  • Si un alumno me viene y me pide ayuda con alguna estrategia en relación a los «takedowns» puedo ayudarle hasta cierto punto por mi experiencia de años en artes de grappling, pero tampoco voy a poder profundizar como un especialista en estas artes. Mi consejo será que vaya a estudiar con alguien Judo, Wrestling, Grappling, BJJ.
  • Si un alumno me viene y me pide ayuda con alguna estrategia en relación a su boxeo (entendiendo forma de golpeo con las manos sin armas), por mi experiencia de años en otras artes como el Muay Thai, el Boxeo, JKD… puedo ayudarle hasta cierto punto, pero si él quiere profundizar un poco más, tendré que invitarle a que complemente su entreno con alguien que sea especialista en estos menesteres.
  • Si un alumno me pregunta sobre armas de fuego y tácticas implícitas en este mundo, pues evidentemente habiendo estado en el ejército de reemplazo puedo hablarle desde mi experiencia, pero le recomendaré buscar a un experto en estos menesteres para que aprenda correctamente, sobre todo pegando tiros…

Creo que esta actitud ayudaría bastante al concepto «autodefensa real« en la que por designios del destino, los estilos han tomado protagonismo por encima de la eficiencia.

Podría seguir con los ejemplos, pero creo que se entiende lo suficientemente bien. La idea de la lucha real debería tener el prisma integral. Los estilos limitan, pero una mente lo suficientemente abierta trasciende esas fronteras.

Eskrima y honestidad.

Ser sincero con la gente que se nos acerca es algo que debería estar por descontado, pero como digo, y avanzando que a poca gente le gusta este tipo de actitud, la honradez ha quedado relegada a un submundo que a muchos les parece añejo e innecesario.

Me asomo con mi catalejo anticuado a los mundos internáuticos de seminarios online y me alegra ser de otra generación. Ya no me da pena ver cómo gente con un deficiente nivel se arrima a la moda de las armas, de la eskrima destilada y sin saber enseñan.

Habría que hacer una reflexión seria sobre peligro que todo esto implica. Ser conscientes de la responsabilidad que tenemos para con la gente que enseñamos debería ser nuestro horizonte dentro nuestro camino.

Si no sabes de algo, y si sabes mejor para ti, es de muy alabar que tengas la valentía y el desprendimiento de dar herramientas a tu gente para que sean capaces de caminar por sí solos, de investigar, de aprender y equivocarse, incluso de mejorarte y trascenderte.

Encuentro que detrás de este tipo de inseguridad e intento de monopolio del personal se encuentra el miedo a la pérdida de posibles «clientes»:

  • Si resulta que se marchan y todo parece volverse en tu contra (actitud un poco de principiantes), la única forma posible de entender la situación es la reconocer que todos los procesos son diferentes.
  • Hay que entender que «soltando cuerda de la cometa es como ésta es capaz de volar»
  • Limitarte a lo que crees saber es saber demasiado poco.
  • A veces uno es tan solo un bache en el camino de muchos, o esos muchos son un bache del que aprender, tu camino debe estar bien definido sin importar quien viene y sobre todo quien se va.
  • Es totalmente lícito no saber de todo, es mejor ser bueno en algo concreto que mediocre en absolutamente todo (que es lo que suele ocurrir hoy en día). Seguir aprendiendo, seguir siendo un alumno aumenta el margen de autodescubrimiento…
  • Ser consciente de nuestros límites se llama madurez.

Jose Díaz Jiménez
Jose

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2 comentarios

  1. La honestidad se resume (a mi juicio), en no prostituir el arte, ni prostituir tu persona.
    Esto va de la mano, una cosa lleva a la otra.

    Simple pero no fácil, dado la prostitución marcial actual…

    Gracias de nuevo José!!!

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