Eskrima Táctica. El filo que no perdona.

Hablando de realidades y de táctica, es interesante conocer cómo funciona nuestro cuerpo para desmontar la mayoría de las teorías de estos expertos al uso que no saben donde tienen la cara.

Las respuestas están más cerca de lo que imaginamos, dentro de nosotros mismos, no hay más que entender un poco la fisiología del combate, nuestras respuestas naturales, para comprender los procesos que nos conducen (o no) a la supervivencia.

Aspectos “internos”.

Empecemos con los aspectos más “internos” del asunto. La mente en una situación combativa real no se parece en nada a lo que estamos acostumbrados a trabajar en un ambiente (el nuestro) totalmente controlado. El miedo a la muerte es irracional.

Cuando sufrimos una agresión, todo nuestro mundo de fantasía se desmonta a la velocidad de la luz. Si vives en Lalaland o has tenido la suerte de que nunca se han metido contigo, la llevas clara… es hora de despertar, la mejor manera: empezar con un entreno “realista”. Recuerda una vez más: “Eskrima es un proceso doloroso”.

El ser humano está programado para sobrevivir, se desenvuelve de manera más o menos funcional ante situaciones externas / extremas (como puede ser un desastre natural), pero cuando se trata de un atentado a nuestra persona, el trauma que sufrimos tiene consecuencias mucho más profundas de lo que imaginamos.

No hay medias tintas, no se sobrevive a medias, o eres de los que están preparados y dan el paso para delante o eres de los que caen en barrena.

Ejemplos gráficos.

Me gusta poner ejemplos biográficos. Hace muchos años trabajé en una fábrica de muebles. Yo era el que cortaba el mayor porcentaje de tableros en una máquina industrial y ruidosa.

Podéis imaginar que las sierras, filos, discos y demás eran herramientas habituales con los que trabajábamos todos los días. Hubo algo que me impresionó mucho siendo tan joven.

Un día nos “obligaron” a asistir a un curso de riesgos laborales. Cuando el profesor preguntó por si alguno de los presentes había sufrido algún tipo percance y/o lesión en el trabajo, a más de la mitad de los que levantó la mano le faltaba algún dedo (por decir algo).

Como podéis imaginar, me dio bastante miedo. Esto me hizo ser extremadamente cuidadoso con las herramientas de mi alrededor. “hija de puta la sierra…” decía algún viejo carpintero allí presente.

En aquella época yo era también el que en alguna medida hacía el “mantenimiento” a la máquina: cambiaba los discos, limpiaba zonas específicas, arreglaba lo que podía… un día sin darme cuenta, uno de los discos de diamantes se me resbaló y muy listo yo, quise cogerlo en el aire (que se mellara era una mierda).

El estrés del trabajo era alto y había que sacar mucho material en poco tiempo. La cosa no fue a más, o eso pensé yo. Acto seguido continué con mi rutina, tableros por aquí y por allí hasta que de repente vi salir unos cuantos listones tintados de rojo. En ese momento coincidió que llegó mi encargado y me llamó la atención: tenía un corte (para puntos) en una de mis manos y hasta ese momento ni me había percatado.

Ahí es empecé a sangrar como un cochino degollado. Pues bien, unos cuantos puntos de sutura después, todo quedó en una pequeña cicatriz camuflada por los años y en una anécdota simplona que contar para hacer hincapié en algunas cosas importantes referentes al filo: ¡hay que tener mucho cuidado!

Realidades dolorosas.

No serían ni uno ni dos los casos de altercados serios en la calle, en los que un pinchazo (conozco personas cercanas a las que les ha pasado), un corte o incluso un tiro de arma de fuego, no son percibidos por el agredido en ese momento.

El cuerpo humano en situación de estrés se prepara para el combate, tanto es así que la percepción visual, auditiva, el tacto, la capacidad de oler… pueden bloquearse de manera drástica en situaciones extremas, con el fin de focalizarnos en la supervivencia y sacar partido da los recursos fundamentales de los que disponemos.

Que no sintamos el dolor del trauma no quiere decir que no nos afecte, aquí la importancia de tener suficiente información al respecto me parece fundamental.

Sentir conscientemente el dolor es un arma de doble filo… es en ese momento cuando podemos colapsar sin remedio.

Risas sin gracia.

Me río recordando a aquellos compañeros carpinteros (falanges de menos en sus manos… gajes del oficio decían) con estos grandes maestros de la insensatez, knife fighters de tres al cuarto, con sus manos de manicura recién hecha a lo princesita style, jugando con filos de mentira a realidades que no entienden.

PD:

  • Si no hay cicatrices no hay realidad.
  • Si no hay dolor, conciencia del mismo y barbarie,
  • si no hay “violencia y agresión” en tu entrenamiento,
  • la realidad que te han contado es de mentira… y lo sabes. 

José Díaz Jiménez

José

José

“Si vis pacem, para bellum”

3 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *