Eskrima y «KEEP CALM».

En Eskrima, como en la vida misma, podemos utilizar la neurociencia para mantener la calma bajo presión.

Eskrima y «KEEP CALM».

La capacidad de mantener y gestionar nuestro «estado de calma» bajo presión es una habilidad que se aprende con la «práctica adecuada».

Los grandes guerreros a lo largo de toda la historia han demostrado la capacidad de mantener la calma durante situaciones que hacen que los simples mortales caigan en pedazos. Precisamente esto fue lo que marcó la diferencia y los hizo realmente grandes.

La idea convencional parece acentuar que la capacidad de mantener la calma es un rasgo de carácter del que la mayoría de nosotros carecemos. En este 2020 parece que muchos de nosotros hemos estado caminando en esa cuerda floja. «Son tiempos complicados que nos ponen a prueba» dice mi mentor Javier Arrieta. Tiene mucha razón, de ahí que la última entrada del año vaya relacionado con buscar ese estado de «calma» fundamental para hacer frente con la suficiente entereza esta época.

En Eskrima y en general en las artes marciales combativas tenemos una herramienta fundamental, que nos acompaña desde siempre, y que se llama COMBATE.

La neurociencia ha revelado recientemente que» mantener la calma bajo presión» no es un rasgo innato, sino una habilidad que cualquiera puede aprender. Es una buena noticia para todos los que quieran aprender, no es un camino fácil, pero abre la puerta a un mundo por descubrir; nuestro interior.

Así es como se hace:

Si alguien me pregunta sobre la capacidad de gestión efectiva, mi respuesta es invariable:

  • «Sal al mundo real, mantén los ojos abiertos, sorpréndete y aprende a base de hostias». Simple, pero no fácil.

Es cierto que todo puede ser relativizado y en ciertos aspectos suavizado, aquí expongo una vez más algunos tips que pueden funcionaros:

Comprendiendo la bioquímica, conceptos generales.

Puede parecer que lo opuesto a mantener la calma es el estado de «lucha o huida», una reacción fisiológica que ocurre en respuesta a una circunstancia, ataque o amenaza percibida para nuestra supervivencia, pero son conceptos íntimamente relacionados.

La reacción comienza cuando la amígdala interpreta una situación como una amenaza. Esta percepción hace que tu cerebro segregue hormonas que le dicen a tu sistema nervioso que prepare tu cuerpo para tomar medidas drásticas.

Tu respiración se corta, tu cuerpo inunda tus músculos de sangre, tu visión periférica desaparece, tu oído se cierra y así sucesivamente, te preparas para la batalla.

Dado que la reacción de lucha o huida no son siempre las más apropiadas en situaciones habituales, nuestro cuerpo nunca libera esa tensión creada. En cambio, tu cuerpo sí que le ha mandado la señal a tu cerebro de «¡esto es una amenaza real!» y terminas con tu cerebro y tu cuerpo en un circuito de retroalimentación. Para decirlo coloquialmente, te asustas.

En este tipo de estado, no regularizado, es muy probable que te quedes congelado (miedo) y la respuesta, demasiado a menudo sea, liberar la presión de la forma menos adecuada.

1. Sobre tus emociones.

Para calmarte y mantener ese estado de «relax», debemos interrumpir este ciclo de retroalimentación.

  • Como ya he dicho antes, la reacción de lucha o huida comienza en la amígdala, que es donde tu cerebro procesa la memoria, interpreta las emociones y toma lo que a menudo (inapropiadamente) se llama «decisiones instintivas».

¿Alguna vez te has sentido arrastrado irremediablemente por una emoción muy poderosa que te ha hecho perder el control?, ¿alguna vez te has dejado llevar, has perdido el control y has dicho o hecho cosas de las que luego te has arrepentido?

Si has respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas significa que has sido secuestrado en algún momento por tu amígdala.

El secuestro de la amígdala o “Amygdala Hijack” es un término acuñado por el psicólogo Daniel Goleman para explicar este tipo de reacciones emocionales incontrolables. Goleman, nos cuenta que el secreto de que nos volvamos irracionales tiene que ver con la falta momentánea e inmediata de control emocional porque la amígdala asume el mando en nuestro cerebro.

  • “Las emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo, obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa” -Daniel Goleman-

No hay más que empezar a relacionarnos con este tipo de emociones y situaciones, cuanto más expuestos estemos, más conscientes seamos y más trabajemos en nosotros mismos, más capaces seremos de «rescatar» y así gestionar nuestra amígdala. Se trata de reconocer esas voces que nos ensordecen, y moderar ese diálogo interior.

2. Controla la respiración.

Ahora que en parte somos conscientes de que podemos moderar la parte del «cerebro» del ciclo de retroalimentación, nos toca hacerle caso al «cuerpo», ese ciclo de respiración agitada (por el estrés) debe volverse conscientemente lenta y profunda.

La «respiración táctica» (recomiendo que sigáis el link para complementar la información), de la cual ya he hablado en el blog, es una buena solución. No le prestamos la suficiente atención a respirar (de la forma adecuada) pero resulta tácticamente fundamental.

Según Esther Sternberg, médico e investigadora, la respiración lenta y profunda contrarresta la reacción de lucha o huida al estimular la reacción parasimpática opuesta, lo cual nos mantendrá en un estado de calma relativo.

Respirar te mantiene vivo, y si sabes controlarla, también «relajado a la vez que alerta».

3. Reconociendo emociones.

Llegamos al punto en el que hemos logrado gestionar el ciclo de retroalimentación en dos niveles (mental y físico). Entendemos que con la práctica continua y la exposición a situaciones de estrés real (que Eskrima se traduce en combate armado y trabajo concienzudo en esta dirección), podremos llegar a controlar con bastante eficiencia nuestros impulsos a la respuesta de lucha o huida.

Repasemos reacciones y respuestas que nos ayudarán, contrarrestarán su acción o mejorarán nuestra respuesta, en definitiva debes convencer a tu cerebro de que tú eres el jefe:

  1. Miedo = Audaz.
  2. Frustración = Ilusión.
  3. Preocupación = Serenidad.
  4. Aturdido = Prudente.
  5. Alarmado = Curioso.
  6. Presionado = Comprensión.

Cuando comprendes tus reacciones emocionales (porque al final todo se traduce en esto), estás usando partes controlables de tu cerebro para convencer a tu amígdala de que no te encuentras una situación de lucha o huida mortal, sino una situación de «mantenerse alerta y preparado» sin que esto llegue a desbordarnos.

Mientras continúas respirando lenta y profundamente, mientras reconoces tus emociones… observa la velocidad a la que late tu corazón. Verás que regresa gradualmente a un ritmo normal. Has recuperado la calma, has recuperado el control.

Si bien esta técnica requiere un poco de práctica (sobre todo el asunto de las emociones que parece de blanditos), vale la pena el esfuerzo. Esta habilidad te convertirá en un Eskrimador más efectivo y aumentará enormemente tu capacidad de gestión del estrés que vivimos constantemente, más aun en estos tiempos de «plandemia».

Eskrima frases.

Termina esta última entrada del año con dos frases de dos grandes, cada cual podría resumir de forma magistral lo anteriormente expuesto en esta entrada:

  • No hay más calma que la engendrada por la razón. (Séneca)
  • La tranquilidad perfecta consiste en el buen orden de la mente, en tu propio reino. (Marco Aurelio)

Jose Díaz Jiménez
Jose

Jose

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2 comentarios

  1. De nuevo…. será posible otro artículo para imprimir en papel (lo sé soy raro), y legar a mi nieto para su educación como artista marcial (inexistente por ahora).
    Pues si, otra vez un escrito que es oro en paño…

    Gracias, de nuevo…

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