Eskrima y lecciones de vida.

Trabajar en la noche tiene sin duda cierto riesgo implícito. No te das cuenta lo realmente alerta que tienes que estar hasta que algo grave ocurre cerca tuya y un jarro de agua fría disfrazado de realidad te pone una vez más en tu sitio.

Ocurren desgracias constantemente, en todas partes, sin remedio aparente. Yo tengo mi particular forma de afrontarlo, imagino que cada cual tiene sus “rituales” y creencias al respecto.

Luchar es divertido en el gimnasio, con nuestro compañeros, en un ambiente bajo control. Pocas veces habrá un accidente de gravedad.

Cuando de cruda realidad se trata, la diversión tiene un cara un poco más amarga. Debes saber qué hacer, cómo hacer y cuándo…

Dosis crudas de realidad.

Hace nada, cuando estaba en el trabajo, me daban la noticia de que la noche anterior, una calle más arriba de donde nos encontrábamos y poco después de yo marcharme ese día, habían matado a un joven de 22 años de una “paliza”. 

Al parecer varios agresores le había asestado patadas y puñetazos en la cabeza (ha trascendido que conocían algo de boxeo). Como resultado, pérdida de conciencia y muerte cerebral. Me hace rabiar el alma.

Trágico a más no poder. Mis condolencias a la familia del chico (han donado sus órganos). Lo más hiriente del asunto es que todo ocurrió mientras él intentaba “mediar” en una pelea que le era totalmente ajena. Un buen chaval. De los que escasean hoy día.

La poca gracia del asunto está en que, tal y como es la justicia en España, los desgraciados que le han quitado la vida estarán pronto en la calle y  el “buenismo“una vez más habrá ganado la partida. Según parece el chico estaba celebrando su 22 cumpleaños.

Más tarde hablando con los compañeros de trabajo, comentábamos lo mal que está la noche. La agresividad descontrolada que vivimos casi todos los días. Lo de salir a pasar un buen rato ha quedado relegado a una minoría en peligro de extinción. Surgió así el tema por el que escribo. Ayudar o no ayudar. Meterse o no en una situación donde nadie te llama.

Yo personalmente en estos casos me acuerdo de una anécdota que escuché por primera vez al ahora desaparecido GM Richard Bustillo hace muchos años. Suelo ponerla sobre la mesa buscando abrir un debate y que la gente sopese las consecuencias.

No sé hasta que punto es real. Me han contado versiones un tanto diferentes. Sea como sea la enseñanza, la moraleja es siempre la misma. A muchos de vosotros, sino a todos, os sonará. Tiene que ver con GM Inting Carin.

La anécdota.

GM Inting Carin vs. varios atacantes.

El incidente que paso a relatar apareció incluso en el episodio documental de la prestigiosa cadena BBC: “Way of the Warrior” donde se hablaba de Eskrima. Si no lo habéis visto os lo recomiendo. Es un documento de vídeo muy interesante.

El Maestro Inting Carin asistía a una fiesta en el distrito de Mabolo en Cebu. Estando allí notó que un amigo suyo estaba siendo agredido por varios hombres. No tardó mucho en darse cuenta de que uno de ellos tenía un cuchillo en la mano y se apartaba para asestarle una puñalada por la espalda. Carín instintivamente se acercó y detuvo el ataque pateando al agresor alejándolo así de su amigo.

Esta acción hizo que los atacantes ahora se centraran en él. Todos atacaron a la vez con ímpetu. Carín antes de actuar y movido por el instinto de protección a su amigo, en realidad no sabía a cuantos se enfrentaba.

De repente le asestaron un golpe en la cabeza con una silla de madera que lo mandó inmediatamente al suelo. En este momento uno de los atacantes se sentó encima, Carín estaba sangrando profusamente. Su agresor le asestó dos puñaladas profundas en el abdomen.

Como pudo y haciendo gala de espíritu guerrero, desarmó a su agresor y le asestó una puñalada mortal en la axila.

Dado por muerto. 

En esos momentos apareció la policía que había sido alertada por la multitud allí presente. Carín devolvió el cuchillo a las autoridades y poco después se derrumbó perdiendo el conocimiento.

Uno de los atacantes yacía muerto y otros dos estaban gravemente heridos.

Debido al desmayo y a la aparente gravedad de las heridas, dieron por muerto al Maestro Inting Carin y fue llevado a la morgue junto con las otras “víctimas”. Por suerte o quizás porque el destino así lo quiso, el desaparecido Eulogio “Yoling” Cañete” pasó por la funeraria y fue informado en aquel momento de que Carin era una de las víctimas de la reyerta.

El Maestro Yoling Cañete se acercó al presumible cadáver de su amigo y se dio cuenta de que aún tenía signos de vida. Fue llevado inmediatamente al hospital donde tuvo una lenta recuperación.

Mientras era trasladado empezó a recuperar la conciencia. Se dice que tenía más de diez heridas graves que podrían haber terminado con la vida de cualquier otra persona.

Cuando se recuperó Carín aseguraba que Dios había obrado un milagro con él y que ahora una de sus funciones en la vida era mostrar el Arte de la Eskrima ya que le había ayudado a sobrevivir en aquella mala experiencia.

Hasta aquí todo queda en una anécdota curiosa de la realidad de los enfrentamientos en la calle. Es justo aquí donde la historia parece distorsionarse un poco.

La moraleja.

Unos dicen que los atacantes estaban defendiendo el honor de la hermana de uno de ellos. Su amigo había querido abusar de ella. Otros dicen que tan sólo era una riña más y que Carín se quiso hacer el héroe.

Me da igual. En ambos casos lo que me importa es el resultado. GM Bustillo señalaba que el propio Inting Carín hacia referencia a aquella anécdota poniendo especial hincapié en lo siguiente:

“No te metas donde no te llaman, porque te puede costar muy caro”.

El debate está abierto. Ayudar o no. En realidad me parece una gran pena tener que plantearse si quiera el ayudar a alguien en una situación de violencia manifiesta. He tenido muchas dosis de realidad y lo único que os puedo decir es que lo que más deseo una vez salgo de mi casa, es volver sano y salvo. Con mi familia.

Carin tuvo mucha suerte, mucha más que la del chico que os contaba al principio.

Sed responsables de vuestro propios actos. Cuidaos y no os metáis ahí de donde no sepáis como salir.

José Díaz Jiménez

José

José

"Si vis pacem, para bellum"

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