Eskrima y resistencia.

En Eskrima debes trabajar con alguien que te ofrezca un tipo de resistencia adecuada para un desarrollo técnico efectivo.

Uno de los grandes problemas que encontramos en el mundo de la autodefensa, en la que incluyo a la Eskrima, es que la gran mayoría de éstas se estructuran en «sistemas o métodos de entrenamiento» que simulan agresiones ficticias y sin resistencia (o en su defecto mínima y/o pactada).

Violencia no domesticada

La violencia que se genera en un enfrentamiento real, en el mundo actual, puede que nos supere (fácilmente) a todos y cada uno de nosotros.

Por más preparado que creas estar, el caos tiene un código propio que a veces es imposible descifrar.

Si a esta circunstancia le añades el ingrediente de estar «altamente entrenado en falsas espectativas«, y que nunca nadie te ha ofrecido resistencia en tu proceso de aprendizaje, vas muy mal.

La acción violenta tiene muchas caras, tantas como situaciones imaginables (e inimaginables).

Nunca estaremos preparados del todo para hacerle frente gracias a esa característica tan extremadamente peligrosa y cambiante parecida a un animal furioso que acecha a su presa en la oscuridad de la noche. 

Técnicas & Drills.

Las técnicas y los drills en Eskrima son necesarios. Añaden valor en términos didácticos.

Lo que no es necesario es que el adversario (compañero de entreno) siempre colabore y se quede «congelado» para que nosotros nos luzcamos técnicamente.

Hay que tener algo presente:

«En el mundo real el agresor se va a oponer activamente y si no estás entrenado para gestionar ese caos, ese estrés, vas a tener muchos problemas».
Os puedo asegurar que en la calle, incluso cuando todo parece estar de tu parte, «la sorpresa» va a ser uno de los ingredientes más amargos con los que te va tocar lidiar.

Incluso en la circunstancia de haber acertado un golpe duro, contar con la mejor de las ayudas (compañeros, amigos…) y las mejores condiciones (a nuestro favor), el caos puede tomar las riendas del asunto (tiene legitimidad para ello) y complicarse todo en décimas de segundo.

 
 
 
 
 
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Bajo presión.

Trabajar en clase de Eskrima bajo presión, con una energía «activa y agresiva«, que se oponga a nuestras intenciones es fundamental.

Como bien sabéis a Eskrima se acercan todo tipo de iluminados marciales.

Muchos de ellos circundan estilos en los que nunca nadie (vayan a faltarle el respeto) se han resistido a sus técnicas magistrales.

En estos más de veinte años enseñando me he encontrado infinidad de veces con esta situación (estoy convencido de que a muchos os va a sonar):

Maestro liendres:

  • «Soy capaz de defenderme contra un palo – un cuchillo – un machete – una pistola – una metralleta – un tanque – un arma de destrucción masiva – … con mis manos«.
  • Mi respuesta es siempre la misma: «Ok, déjame ver» (y pongo cara de interés).
  • Siempre te proponen algo, no vaya a ser «que les ataques mal«. – «Atácame así o asá» dice el tipo.
  • Yo lo hago, soy buena gente y colaboro con el «pseudomaestro» con sumisa resignación, es lo que esperan.
La trampa está tendida. En estos casos lo mejor es «colaborar con lo inevitable«.

«Testosteronica».

  • Tras una exhibición «testosteronica» de sus habilidades puro estilo «matrix» le invito a que haga lo mismo. O mejor aún, «sorpréndeme y haz lo que quieras», se masca la tragedia.
  • Propongo ofrecer una «mínima y simple» resistencia. Creo estar en mi derecho, ha venido a «mi casa» sin ser invitado.
  • Empieza lo divertido del asunto. Después de varios intentos infructuosos llegamos a una conclusión.
  • Tras no funcionar nada de lo que intentó, a pesar de los esfuerzos desmedidos, y las caras de asombro, llega la escusa magistral: «es que tú sabes, la gente en la calle no sabe (y no se van a resistir así)».

Mi resistencia suele ser básica.

A veces tan solo doy un paso hacia otro lado. Pongo un poco de fuerza o no dejo que me arrastre a su comodidad. Nada sofisticado. Todo muy simple.

Meditaciones.

Creo que es para meditar al respecto.

Este tipo de personas continuarán alimentándose de fantasía encerrados en su ignorancia ilustrada.

Vienen a una clase de Eskrima con sus mochilas cargadas de escusas y prejuicios. Se van queriendo olvidar rápido lo que ha pasado no vaya a ser que se les venga el chiringuito encima.

Ya lo dice la frase:

«No hay peor ciego que el que no quiere ver».

Tremendista.

Sin pretender ser en exceso alarmista (lo veo cada noche), lo que te puedes encontrar ahí fuera, la mayoría de las veces, puede ser peor de lo que crees o quieres creer.

Prefiero ser un poco tremendista a «muy confiado». Me avala la experiencia de haber evitado muchos conflictos gracias a ser un gran desconfiado.

Gestionar con la cabeza antes que con el puño es un proceso de madurez y necesidad. Por desgracia no siempre es posible.

¿Cuál es la solución a todo esto?

Necesitamos dejar de vivir en «lalaland» y salir de Matrix de una vez por todas.

Ya que quieres aprender a luchar acepta que tienes que «llevarte unas cuantas patadas en el culo».

En Eskrima tienes herramientas inmejorables para dar un paso al frente y empoderarte de tu propia seguridad.

Depende de ti ponerte manos a la obra. Mañana ya es tarde.

Recuerda:

La resistencia es el común denominador de la violencia ahí fuera. Relacionarse con ella es sano incluso cuando el proceso demuestra ser doloro.

Jose Díaz Jiménez

José

José

"Si vis pacem, para bellum"

2 comentarios

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