Fragilidades en Eskrima y defensa personal.

Cuando estamos bien entrenados la sensación de seguridad en uno mismo crece. Aún así debemos ser totalmente conscientes de que hay cosas que escapan a nuestro control. Hay «fragilidades» que debemos ser capaces de gestionar.

Fragilidades y «juegos».

Vamos a analizar desde la perspectiva de un ejemplo muy común en nuestro mundillo.

Como a muchos de vosotros a mi me apasiona jugar con mi niño. Si os dedicáis de alguna manera a esto de las artes marciales, casi seguro que habéis jugado a luchar con ell@s, más como algo lúdico y estrechar lazos que como un entrenamiento propiamente dicho. Debería ser así o puede que logréis lo contrario de lo que deseáis.

Da igual cómo haya sido ese «juego»: a «golpes» (con un cojín se pueden hacer luchas totales), rodando por el suelo (pressing catch) o a dando palozos (en caso de los eskrimistas)…

Si de verdad habéis pasado tiempo jugando, seguro que habréis recibido porrazos bastante gordos. A mi me ha pasado y no creo que sea una excepción al respecto.

Ser conscientes.

Se trata de esto, de sacar lecciones de cualquier circunstancia, si es riéndonos con las personas que más queremos, mucho mejor.

Hay que abrir los ojos a ciertas realidades incómodas y es que incluso estando bien preparados hay ciertos factores fortuitos que nunca tendremos bajo control.

Todos conocemos esa expresión del mundo del boxeo del «lucky punch» en el que uno de los dos contrincantes va controlando la pelea y el que peor lo lleva, de repente saca un «puño loco de un ángulo imposibles» y deja KO al campeón. No es habitual, pero ocurre, ese golpe de suerte está dentro del juego de la pelea.

En nuestro caso recuerda cómo es entrenar con un principiante que tiene un arma en la mano y quiere darte » en toda la chota (cabeza).

Todos nos hemos llevado algún buen golpe de ese alumno nuevo que o es un descoordinado patológico o es un nervioso que roza la neurosis (y un poco sordo porque no te escucha).

Ejemplos.

No he tenido la suerte de entrenar con el maestro Tim Tacket, aunque sí lo conocí en un seminario que dio aquí en Málaga.

Es un tipo con una experiencia de vida dilatada y su forma de enseñar me parece muy didáctica y eficiente. Suele contar anécdotas de este tipo para ilustrar sus lecciones.

Lecciones de fragilidad.

Tim Tacket es de esa clase de personas creíbles. La anécdota que os cuento, como digo, seguro os suena, porque muy probablemente os ha pasado a muchos de vosotros.

El Maestro Tim Tacket, llevando toda una vida de entrenamiento dentro de las artes marciales, estaba jugando con un niño pequeño, no recuerdo exactamente el parentesco (no creo que tenga especial relevancia), hace mucho tiempo del seminario y la memoria divaga con algunos detalles.

Jugaban a lanzarse golpes, a luchar un poco… es un tipo de juego que a los niños les gusta especialmente (yo lo fomento en el caso de mi hijo). Imagino que la genética tiene algo que ver con esto, Me disculpan los baladís de la igualdad a toda costa.

Volviendo a la historia del Maestro Tim Tacket, dado el momento y por un despiste o porque, como se dice «shit happens», el niño le metió un dedo en el ojo a todo un «bien entrenado» en artes marciales y veterano de Vietnam.

Contándonos aquella historia, él estaba recalcando la importancia de ese tipo de ataques con respecto a la defensa personal.

De repente, el Maestro se encontró tapándose la cara, con un dolor de ojo importante y a «total merced del niño«, que evidentemente se quedó petrificado por el resultado de una acción inocente.

  • «Así de definitivo puede ser un ataque de ojos», decía él.
  • «Así de definitiva puede ser nuestra fragilidad», pensé yo.

La reflexión.

A mi me pasa cada muy poco, quizás fuerzo la situación. Mi hijo debe aprender límites, pero inicialmente es todo instinto , ¡¡¡esto me fascina a la vez que crea situaciones dolorosas para el que aquí escribe!!!

A veces, rodando con él por el suelo hace cosas que le dicta su instinto y es muy sorprendente. Le doy un palo acolchado y él busca «ángulos locos» en los que meter su golpe, lo menos esperado. Mete los dedos en los ojos, muerde y araña (y no me tira de los pelos porque no tengo)… luego del dolor (y de recoger mi ego hecho añicos) le corrijo y en tono de risa le espeto aquello de «a tu padre está feo!», que hace daño, que tenga cuidado, que no es el momento… debe ser consciente de todo esto, debe ser consciente de las líneas rojas de sus acciones.

Hay que limitar con normas cívicas lógicas, a la vez que se refuerza el instinto de autodefensa primitivo desde un aspecto lúdico en el que el juego tenga todo el protagonismo.

No soy experto en niños, sólo soy un padre con experiencias guerreras de juego. En estas situaciones de risas y revolcones siempre se me viene a la cabeza aquella frase de: «relax, nothing is under control».

Conciencia de nuestras fragilidades:

Recuerda que «lo más absurdo» del mundo, lo más simple e inesperado de un enfrentamiento físico, puede suponer un gran problema en la realidad de una «situación seria de autodefensa«.

Les suelo recordar bastantes veces a mi estudiantes, por la importancia que ésta tiene, la frase que un día me dijo mi Maestro Ramon Rubia con respecto a las armas, la Eskrima y el combate:

«Expect the unexpected» I «Espera lo inesperado».

Saber que no eres tan invulnerable como crees hace que estés mucho más alerta.

Acabo con una frase, en esta ocasión del novelista y ensayista Ken Kesey, que desarrolla un meritorio punto y final para esta entrada:

«No se puede ser fuerte hasta ver el lado divertido de las cosas.»

Jose Díaz Jiménez

José

José

"Simple but not easy"

4 comentarios

  1. «Todos nos hemos llevado algún buen golpe de ese alumno nuevo que o es un descoordinado patológico o es un nervioso que roza la neurosis (y un poco sordo porque no te escucha)».

    No me considero tan así jajaja; pero antes de entrar a mis clases de Jiu Jitso Brasileño (pienso que es un arte que todos deberían al menos probar ya que da muchas habilidades) respiro hondo y recuerdo que no es sparring con protecciones mínimas, que debo estar abierto y dispuesto a escuchar para aprender y debo ser dócil en el entrenamiento para que el compañero pueda trabajar conmigo. Como me dijo mi padre: hay que ser un buen feeder y también un buen receiver.

    A veces llego muy tenso a la clase. Apenas me lo dicen intento relajarme.

    Siempre es bueno leerte. Un abrazo.

    • Muchas gracias por el comentario, es importante ir fraguando este tipo de «calma tensa» desde el entrenamiento para que haya una transferencia efectiva a una posible situación más cercana a la realidad. Ese nervio que me comentas, esa tensión es más que normal, hay que vigilar esa delgada línea entre escuchar y no creer a ciegas o que nos dicen. La experiencia enseña a discernir.

      Un abrazo y gracias !

      Jose.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.