Incertidumbre en la batalla. Eskrima movement

Me suelen preguntar qué es lo que más me llama de la Eskrima, qué es lo que realmente me apasiona de este Arte. No he sabido responder nunca a esta pregunta. Quizás, siendo honesto, no hay una respuesta que en realidad describa al 100% lo que siento. Aun así, si tuviera que dar una solución cercana a mi realidad sería esto que pro definición llamo: “la incertidumbre de la batalla.

Puede sonar un poco extraño, pero cuando hago sparring, sin importar la intensidad de éste, la certeza de no saber qué va a pasar, es lo que me engancha sin remedio.

En una vida en la que todo parece estar pactado de antemano (cosas para hacer por necesidad), luchar, hacer “combate”, es lo que me saca de la rutina, de mi zona de confort y me aporta vida, energía vital.

Siempre lo digo, todos luchamos por algo y si es así, ¿por qué no trasladar esas experiencia al plano físico? Desde el momento en el que agarras tu arma, te enfundas la careta, los guantes y el corazón empieza a palpitar con fuerza, estás en manos de la incertidumbre, del caos, caminas en la cuerda floja de querer ir con todo o salir corriendo, no lo piensas, lo sientes.

El miedo a que te dañen se difumina poco a poco, tras cada latido. Pones el foco en el presente, pones todo al servicio de la lucha y es así como el arte se manifiesta. Vivir en lo real, en ese instante en el que todo es movimiento fugaz y se expresa por sí mismo, es algo que no tiene precio, es meditación al son de una guerra (la propia).

Sí, la incertidumbre de no saber a donde llegarás, qué te pasará… esa condensación de pasión atrapa el alma. Entiendes que todo es cambio, que sufres heridas de guerras vividas, experiencias muy íntimas, filtreos con el peligro que de otra manera nunca alcanzarías. La física y la química de la lucha, esa que fluye entre las venas del guerrero que viste armas, está por encima de estilos y formas, derechos y deberes. No hay pensamiento, sólo ahí y ahora.

La ironía de lo superfluo se estremece ante un arma que busca aterrizar ahí donde más duele. El dolor como maestro se expresa con claridad durante el combate, y surge otra gran pregunta: ¿podré con ello? y puedes, siempre vuelves y creces. Curas tus heridas, sangras por dentro y sonríes por fuera. Eso es Eskrima y esa es la vida. Por esto me apasiona.

José Díaz Jiménez

José

José

"Si vis pacem, para bellum"

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