¿Saramago y Eskrima?

Puede parecer de locos, posiblemente lo sea, pero ¿tienen algo que ver algo José Saramago y Eskrima? Técnicamente y evidentemente absolutamente nada.

Viajando ando.

Siempre que viajo, a parte de disfrutar con la experiencia, busco sumar conocimiento y adaptarme a todo lo que venga. En ocasiones no lo logro y es ahí donde está la magia del aprendizaje que encuentro cuando viajo.

También, e indudablemente, viene bien la ayuda de una compañera de viaje excepcional. Sales de tu zona de confort, te adaptas y te enriqueces. 

Viajar con un niño pequeño es todo un reto. Lo superas con mucho cariño y amor, pero también te debes armar de altas dosis de paciencia.

Hay que reconocer que ser un pequeño de cuatro años en un mundo de mayores no debe ser nada fácil.

Intento inculcarle a mi hijo desde pequeño que «para encontrarse hay que perderse» y que para ver la vida con perspectiva en ocasiones hay que dar unos pasos para atrás y alejarse (viajar es la mejor medicina), y en otras ocasiones tienes que acercarte tanto a ti mismo que llegues a confundir lo de fuera con lo de dentro.

Unos días en Lisboa para desconectar y venir con las pilas cargadas es una de las mejores escusas que se me ocurren para hacer una entrada «fightlosofal».

Es aquí donde mi Eskrima y el Maestro se unen.

«El viaje comienza cuando termina».

Ésta es una de las frases que todo buen peregrino de santiago tiene muy presente para toda y el resto de su vida.

Hoy, al despertarme y chequear mis redes sociales, me sorprendía una historia compartida en una página que sigo y recomiendo al 100%; CULTURA INQUIETA, era lo primero que venía a mi. 

Es algo que me impactó y por eso replicarlo en mi web. Soy consciente de las señales que de vez en cuando manda «el universo«, en esta ocasión en forma de texto del Maestro José Saramago (al cual leo bastante últimamente).

Estuve en su «casa» de Lisboa hace dos días y me gusta pensar, fantasear, que así es como se «comunica» conmigo: 

El viajero vuelve al camino.

«No es verdad. El viaje no acaba nunca. Sólo los viajeros acaban. E incluso éstos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: ”No hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba.

Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.»

Nada más que añadir, viajad, da igual a donde sea, pero que sea más hacia dentro que hacia fuera.

P.D: Si podéis leer algo del Maestro Saramago, no os dejará indiferentes.

Apuntad una de sus frases:

“La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”.

Jose Díaz Jiménez

José

José

"Si vis pacem, para bellum"

2 comentarios

  1. “La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”.

    Gracias

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