Tom Bisio. Entrenando con Momoy Cañete, Parte 1.Eskrima.

En la búsqueda incesante de información para mostrar la Eskrima auténtica, me encuentro con verdaderas joyas que me trasladan a un tiempo que sin haber conocido, añoro y que pienso que sinceramente a unos cuantos de nosotros nos habría encantado vivir. Este es el caso de una serie de artículos en las que el Maestro Tom Bisio nos muestra como fueron sus andaduras en Cebu con uno de los grandes Eskrimadores y fundadores del Club Doce Pares Gran Maestro Momoy Cañete allá a finales de los ´70 y parte de los ´80.

Tom Bisio hoy día es un reputado acupuntor, Médico de medicina tradicional china y practicante de Artes internas, con una extensa bibliografía que para los interesados en ese mundillo recomendamos encarecidamente. En el momento que  conoció a GM Momoy Cañete ya era un estudiante de Eskrima bajo la tutela de Tuhon Leo Gaje, fue este precisamente quien lo introdujo a Momoy.

Cuando descubrí estos artículos, inmediatamente me puse en contacto con Tom Bisio para pedirle permiso y poder traducir al español sus artículos; muy rápido y super educado me contestó que veía genial que los tradujéramos y bueno, aquí estoy, presentando la primera parte.

Son una serie de 4 escritos. Publicaré dos de ellos. Para mi personalmente ha sido como hacer un viaje en el tiempo, rescatar un trocito de historia a la que no tenemos acceso normalmente y ensoñar como tendría que haber sido aquella época dorada de la Eskrima de verdad, trasladando la imaginación justo a esos momentos, a esas anécdotas que nos acercan a una figura de gran peso en el Arte de la Eskrima tradicional.

Sin más vueltas os dejo el texto, espero que os guste tanto como a mi y que entre todos podamos continuar recordando y promocionando esta Eskrima de verdad… tan escasa en estos tiempos que corren.


Training with Filemon “Momoy” Canete ( Entrenando con Filemón “Momoy” Cañete)

Parte primera ( de cuatro) by Tom Bisio (traducción José Díaz)

Conocí a Filemón de la Cuesta Cañete en 1979 en el Primer Campeonato Nacional de Arnis en Cebu City, Filipinas. Mi maestro en ese momento, Tuhon Leo Gaje de Pekiti-Tirsia había organizado una reunión para conocerlo a través de Nonito Limchua, un estudiante del Maestro Cañete y un oficial del Club Doce Pares. Nos conocimos antes del torneo y acordé con el Maestro Cañete que me enseñaría después del torneo.

Maestro Cañete se puso en mi esquina y estuvo a mi lado durante mis peleas, felicitándome después de terminar cada lucha. Después del torneo me quedé con Dionisio Cañete, sobrino del Maestro Cañete. Dionisio Cañete me ayudó inmensamente, llevándome a su casa para que así llegara a tiempo a mis sesiones de entrenamiento.

Mi primera lección comenzó al día siguiente, con los pies descalzos en la tierra, aprendiendo los movimientos básicos de Espada y Daga. Aprendí la Forma de San Miguel y la secuencia de movimientos Circle and Cross. Recuerdo que durante la práctica de la Forma San Miguel cada vez que iba a dar un paso atrás y retirándome a un punto concreto en el área de entrenamiento, el suelo estaba mucho más caliente ahí que en cualquier otro sitio. Finalmente observé el lugar y pude ver que algo se movía. Habíamos desenterrado unas 20 larvas muy grandes de alguna criatura que no podía reconocer. Luego regresamos al entrenamiento.

Esta primera visita a Cebu fue breve, duró tan sólo unos pocos días. Mientras volaba de regreso a casa me prometí que volvería para estudiar más. Durante los próximos 8 años hice dos viajes más, en los que estuve durante periodos de tiempo mucho más largos, pero a partir de ese primer día, supe que estaba en presencia de un verdadero Maestro.

Aprender con Filemon Cañete era diferente a cualquier tipo de entrenamiento de artes marciales que había hecho antes. Entrenamos todos los días. Él siempre era puntual. El ambiente era relajado e informal. No había títulos, uniformes, o rangos…todo era mostrado abiertamente. Entrenamos en pantalones cortos, descalzo o con sandalias de playa. Para sus estudiantes, amigos y vecinos, Maestro Cañete era conocido simplemente como “Momoy”. Entrenábamos duro, pero en ocasiones parábamos y empezaban a contar chistes o conversábamos – con el inglés rudimentario de Momoy y mi casi inexistente Cebuano. Al final, uno de sus alumnos terminaría por ser el traductor cuando llegamos a un punto de no entendernos.

Nuestro idioma en común era la Eskrima. En esto, la fluidez de Momoy y su constante búsqueda de la perfección nunca dejaron de sorprenderme. Él era un purista de la técnica correcta. Debíamos repetir los mismos uno o dos movimientos, una y otra vez, hasta que quedaba satisfecho con nuestro rendimiento. Por trigésima vez, cuando yo estaba seguro de que ya hacía las cosas bien, él sacudía la cabeza y simplemente decía “otra vez”. Esto continuaría hasta que veía que los movimientos eran realizados con el estilo adecuado, equilibrio y espíritu.

Aunque hubo poca o ninguna formalidad estructurada, Momoy era un profesor tradicional. Sus estudiantes lo trataban con gran respeto. A pesar de que a veces se burlaban de él, lo hacían con el cariño y respeto de un hijo a un abuelo querido. Él se apresuraba a expulsar a aquellos cuya falta de etiqueta o su características morales se reflejaban negativamente en él o en el Arte de la Eskrima. Le llenaban particularmente de ira los estudiantes que tenían mala reputación por beber alcohol o que su comportamiento no era el adecuado cuando estaban borrachos. Afortunadamente para mí, él era mucho más indulgente con los estudiantes estadounidenses que con sus estudiantes filipinos. Con nosotros parecía infinitamente paciente. Cuando caían en el mismo error más de una vez, él daba un zapatazo y gritaba improperios contra ellos en Cebuano. Ellos sólo se reían, movían la cabeza y volvían a intentarlo.

Gm Momoy con Tom Bisio Espada y Daga San Miguel Eskrima

Gm Momoy con Tom Bisio Espada y Daga San Miguel Eskrima

Yo me quedaba con la familia Bacayo en el Barrio de San Nicolás de Cebu City, al lado de una comunidad de pequeñas casas en las que vivía Momoy. Me trataron como a uno de la familia y nos dejaron usar su pequeño patio amurallado para los entrenamientos. Todos los días, varios vecinos, desde niños pequeños a adultos, asomaban la cabeza por encima del muro para ver lo que estábamos haciendo. A veces se agolpaban en el patio. El primer día que llegué a entrenar con Momoy en 1984, me quedé muy sorprendido al ser recibidos por unas 40 a 50 personas. La mayoría de ellos se presentaron al día siguiente para ver el primer día de práctica.

Aunque la mayoría de sus estudiantes eran hombres, Momoy tratada a su estudiantes hombres y mujeres exactamente igual. Sus estudiantes filipinos fueron el grupo de personas más cortés y amable que me he encontrado en el mundo de las artes marciales. Consiguieron reorganizar sus horarios para practicar con nosotros todos los días. No parecía haber ningún resentimiento o celos, a pesar de que su profesor se dedica casi todo su tiempo a enseñarnos a nosotros. El hijo de Momoy, Andrés Cañete, y Federico “Junior” Mendoza Jr. ayudaron a enseñarnos Combat Judo. “Junior” nos dejaba lanzarlo y hacerle las palancas. Ambos nos enseñaron una rápida rutina de Combat Judo repleta de bloqueos, lanzamientos y contras. Ellos la realizan a gran velocidad con una daga real, teniendo caídas y rodando por el suelo roto. Freddie Abella nos llevó a la casa de un amigo para que pudiéramos practicar Combat Judo en la hierba suave. Confieso que incluso con este lujo, disfrutaba más este tipo práctica cuando bebíamos un poco de tuba (vino casero de coco ). De esa manera no me dolía tanto…. hasta que pasaba un rato. Naturalmente nos dedicamos a estas prácticas cuando Momoy no estaba cerca.

Freddie amaba el látigo y la cadena. También le gustaba hacer Palusot, una especie de combate controlado, haciendo hincapié en la sensibilidad y el control sobre el arma del oponente. En tono de broma lo llamó, “palusot amistoso con malas intenciones”, porque él había perfeccionado numerosos trucos para golpear tu mano o tu pie. Él no dejaba de disfrutar cuando golpeaba mis nudillos, pero si era yo el que se lo hacía a él, era igualmente encantador.

GM Ben Culanang haciendo Espada y Daga

GM Ben Culanang haciendo Espada y Daga

Otros dos estudiantes Seniors eran Edring Casio y Ben Culanag vinían cada vez que podían. Ambos tenían que venir de lejos y hacer malabarismos con sus horarios en sus trabajos para entrenar con nosotros. En el momento en que los conocí, Ben llevaba estudiado con Momoy por más de 20 años. Ben era un verdadero luchador, se podía ver en sus ojos. Sus reacciones y sus golpes eran muy rápidos. Hacer Palusot con Ben era interesante de una manera algo diferente a la práctica con Freddie.  Ambos éramos muy educados, tratando de no dejar que la situación se saliera de control, aunque creo que esto funcionó más a mi favor que en suyo. Momoy era muy serio y paciente. Tenía poca tolerancia con los presumidos o fanfarrones. Nunca olvidaré el brillo en sus ojos cuando echó a un visitante arrogante por hacer el tonto ya que creía poder desarmar el palo a cualquiera.

Freddie Abella y Junior Mendoza siempre estaban con nosotros. Nos llevaban a Cebu. Freddie y su esposa Rita nos invitaron a muchos fantásticas comidas caseras y nos trajeron mangos frescos de su granja en las montañas. Si me gustaba una artesanía local o preguntaba dónde conseguir Bahi (una madera utilizada en la fabricación de palos de Eskrima), marchábamos a las montañas para adquirirla o Freddie se presentaba con un regalo. Después de un tiempo tuve “miedo” de hacer este tipo de preguntas, ya que lo dejaría todo para complacerme. Cuando necesitábamos un tipo de cuerda especial del otro lado de Cebu para hacer látigos, era Freddie quien me llevaba. Viajabamos en autobús por las montañas, y luego continuamos a pie por millas a través de un increíble paisaje de árboles de coco, el suelo moteado por la luz del sol que se reflejaba a través de las hojas. Al final del recorrido encontramos el tipo de cuerdas, en una pequeña aldea hecha de bambú. Las mujeres mayores fumando hojas de tabaco enrolladas me miraron como si yo acabara de llegar de Marte. Freddie comentó que no habían visto a muchos visitantes extranjeros.

Un día, un promotor de torneos locales de Eskrima llegó a la sesión de entreno por la mañana. Me mostró los rollos de boletos de un próximo torneo, anunciando mi participación en una lucha especial de exhibición. Todo esto había sido arreglado por él sin preguntarme. Había oído hablar de mi participación en el torneo de 1979 y pensaría que mi participación en el evento vendería entradas. Me di cuenta de que a Momoy no le gustaban sus maneras, pero cuando miré a Momoy para que me aconsejara, él simplemente me miró impasible. Me volví hacia el promotor y le dije que ahí estaba mi maestro y que es a quien tendría que preguntarle. Cuando vi la sonrisa en la cara de Momoy me di cuenta de que había dado la respuesta correcta, luego le dijo alegremente al promotor que tendría que volver a imprimir los boletos.

Al final tuvimos que ir al torneo, se trataba de una serie de luchas brutales por equipos entre estudiantes de dos ramas del Club Pares Doce entre la gente de Ciriaco Cañete y otros dos clubes locales de Eskrima. Los participantes sólo llevaban los cascos y pronto sin darme cuenta de como, me vi en el medio de una serie de luchas muy violentas – los competidores paraban porque sangraban. El árbitro principal, Nonito Limchua me pidió que le ayudara y pronto supe por qué. Pasamos las dos horas siguientes tirando de los concursantes del uno y del otro. Terminé enfrentándome con uno de los competidores varias veces porque me golpeaban cuando entraba para romper el clinch. Momoy, sus estudiantes y el público disfrutó inmensamente. Una de las razones de nuestra asistencia fue que Edring Casio tenía programado una pelea, un de desafío sin cascos contra un estudiante de otro club rival. Aunque no tenía ninguna duda sobre la capacidad de Edring, me alegré de ver que la lucha fue cancelada por el médico. Cuando nos fuimos, la multitud estaba decepcionada y asaltaron la taquilla.


continuará… Link 2ª parte.

Original Link from Tom Bisio´s official website .

Texto e imágenes de Tom Bisio, traducido por José Díaz Jiménez.

 

 

José

José

"Si vis pacem, para bellum"

14 Comments

    • No hay de qué, en realidad solo es traducir…pero qué buen feeling queda cuando uno lee estas cosas ¿¿ verdad ??

  1. “Cuando nos fuimos, la multitud estaba decepcionada y asaltaron la taquilla” jajaja, me hace acordar al circo romano. Que transporte como cuenta la experiencia, me pone la piel de gallina, me dan ganas de ir a mi también. Excelente articulo.

    • Ey Santigao, sin duda, mucha sangre en las venas y sobre el tapiz…otra forma de entender la vida y la lucha 😉

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