Día de la hispanidad. Mi Mundo. Eskrima.


Hay diversas formas de celebrar un acontecimiento. Mi forma de hacerlo hoy se centrará en el negro sobre blanco. Desde el respeto y cierta identidad cultural a la que me adscribo conscientemente, hoy estoy de celebración. Me parece curiosa la vergüenza generalizada (que no comparto) que siente el español de a pie el día de la celebración de su nacionalidad. Hay pocos países en los que ocurra tal disparate y esto marca el punto de salida de un problema que considero importante. Nos quejamos de vivir en un país en quiebra (sin hacer mucho por cambiarlo), del que no nos sentimos parte y esto se va al carajo.

Que sólo se levante la bandera cuando gana la selección me parece un asunto demasiado paradójido y de una hipocresía redomada sin igual. Los balcones se llenan de banderas y “yo soy español” es la frase de moda… mucho cuidado, ésto durará lo que dure la competición. Somos españoles a la carta y dependiendo de para qué. Me parece un asunto curioso, raro e inquietante, un pronóstico de bipolaridad con diagnóstico complicado. No soy nada cool hablando así, será que me dedico a esto de las artes marciales y no doy “pamás”.

Hoy es el día de la Hispanidad y día de la Virgen del Pilar (para los católicos, que no es mi caso). Básicamente todo este asunto coincide con la fiesta de la nación española y se celebra el 12 de Octubre porque es cuando se presupone que un “despistado” Cristobal Colón se topó en su camino a las Indias con un “nuevo” continente. Que sí, que ya antes estuvieron por allí Vikingos y Chinos, para mi esto es información muy valiosa, pero que no resta importancia al encontronazo de Colón. El resto es historia. En 1913 la festividad se globalizó y Faustino Rodriguez-San Pedro como presidente de la unión Ibero-Americana propuso la fecha como punto de unión de España con los países latinoamericanos y así crear un bloque contra la hegemonía de otras potencias occidentales.

Cuando pienso o hablo de nacionalismos, abarcando el asunto desde una perspectiva histórica, social y cultural, son sentimientos “altamente encontrados” los que se entrelazan en mi foro interno. Por un lado está el sentir de una herencia que me parece fascinante en algunos aspectos y por otro lado queda el saber de un carácter enquistado, de un patetismo ilustrado, mal endémico donde los haya, en la que los hombre buenos brillan por su ausencia.

El argumento rancio del genocidio (del que no me siento para nada responsable, creo haber sido el primero en mi familia en pisar tierras latinas – Ecuador me enamoró hasta la médula) tan denostado y escupido a la cara de los que se identifican positivamente con su nacionalidad, ya no tiene sentido. La historia es cuestión del pasado, arrastra estigmas que no nos son propios es injusto. En la actualidad sólo nos queda aprender y estudiar lo que pasó para no repetir los mismos errores. Reconocer la tragedia es un paso, superar algunos complejos históricos basados en el desconocimiento o en la culpa, me parece un asunto importante para que todos juntos podamos caminar en una misma dirección y crecer en consecuencia.


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Bandera de España sita en Plaza de la Constitución, Málaga


De algo os sonará aquello de “Santiago y Cierra, España”. Como sabéis esta frase es un grito de guerra pronunciado por las tropas cristianas allá en la época de la reconquista. Se extendió en el tiempo y básicamente significa invocar al Apóstol Santiago (patrón de España) y el cerrar la distancia en combate. Pues así sea hablando de Eskrima. Los tercios viejos (de ahí su importancia para mi) la adoptaron como himno de guerra. Este grito al combate para aquellos que de alguna manera nos dedicamos a las armas y respetamos el pasado de nuestros héroes rezuma un sentir muy especial. Esta frase desde finales del siglo XIX se transforma, como no, en algo peyorativo, incluyendo el juego de palabras con el verbo cerrar. Desde este punto de vista se hace alusión al aislamiento impuesto en gran medida por la iglesia y al costumbrismo español. Era usual citar la frase sin poner la coma: “Santiago y cierra España”.

Volviendo al asunto, por encima de muchas otras cosas lo que hoy celebro es que en 2014 la Organización de Naciones Unidas (ONU) declaró el doce de octubre como el Día de la lengua española, lo que significa un elemento fundamental de unión del mundo hispano hablante a ambos lados del océano. Casi 567 millones de personas en todo el mundo hablan español, un 7,8% de la población mundial. De ellos, más de 472 millones tienen el español como lengua materna.

Con nuestros muchos defectos y virtudes, con nuestras luces y sombras (oscuridades profundas en muchos casos) somos de donde venimos y se lo debemos en gran medida a las Armas, a nuestros héroes abandonados y a un Arte, La Destreza, olvidado por la gran mayoría.

Siendo yo de aquí, tratando últimamente con tantos extranjeros (borrachos de profesión u opositando para ello), y habiendo viajado un poco por el mundo, créanme vuestras mercedes si les digo que podemos sentirnos orgullosos de algunas cosas de ésta nuestra tierra. La gastronomía, el patrimonio cultural y natural, la hospitalidad y la “seguridad”, por poner ejemplos simplones y nada cool, son dignos de alusión en un mundo en que la pérdida de identidad parece estar de moda.

Un humilde Blogger, Eskrimador y Fightlosopher como yo, que pretende escribir en el idioma de Cervantes, no puede por más que estar muy orgulloso de poder comunicarse en una lengua (la materna se dice) que se habla a lo largo y ancho de “un mundo en el que nunca se pone el sol” y en el que existen palabras tan bellas como “luminiscencia”, “efímero”, “incandescencia”, “desenlace”, “pasión”, “amor”, “arte” y “Leonardo” 😉 …

Para terminar y despistar un poco más si cabe, a pesar de la argumentación anterior, el hombre que más ha influido en mi desde hace décadas, el señor Krishnamurti, opina con elocuencia brutal sobre los nacionalismos en el texto que más adelante parcialmente comparto, y ahí lo dejo.

Moverme en la “cuerda floja del sentimiento encontrado” tiene como ventaja la búsqueda incesante de mi propia identidad. Soy Español de España, Andaluz y Malagueño… de donde mis padres y ahora mi hijo. No sé si lo elegí yo o me vino así dado. No me avergüenzo y con el tiempo lo considero un honor. Respeto profundamente y con admiración lenguas, culturas y saberes diferentes al de mi tierra. Me apasiona la diversidad. Por desgracia todo termina encuadrándose dentro de un espacio geográfico demarcado por fronteras que yo no dibujé. Todo se limita y se expande al respeto y al buen hacer… lo demás viene a ser política de intereses que sólo beneficia a unos pocos y patanería rancia del 15.


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Pregunta: ¿Qué es lo que viene cuando el nacionalismo se va?

Krishnamurti: La inteligencia, evidentemente. Pero temo que eso no sea lo que esta pregunta implica. Lo que ella implica es esto: ¿qué es lo que puede substituir al nacionalismo? Ninguna substitución es acto que traiga inteligencia. Si abandono una religión y me adhiero a otra, o dejo un partido político para ingresar más tarde en alguna otra cosa, esta constante substitución indica un estado en el que no ha inteligencia.

¿Cómo nos libramos del nacionalismo? Sólo comprendiendo plenamente lo que él implica, examinándolo, captando su significación en la acción externa e interna. En lo externo, él causa divisiones entre los hombres, clasificaciones, guerras y destrucción, lo cual es obvio para cualquiera que sea observador. En el fuero íntimo, psicológicamente, esta identificación con lo más grande, con la patria, con una idea, es evidentemente una forma de autoexpansión. Viviendo en una pequeña aldea, o en una gran ciudad, o donde sea, yo no soy nadie; pero si me identifico con lo más grande, con el país, si me llamo a mí mismo hindú, ello halaga mi vanidad, me brinda satisfacción, prestigio, una sensación de bienestar; y esa identificación con lo más grande, que es una necesidad psicológica para los que sienten que la expansión del “yo” es esencial, engendra asimismo conflicto, lucha entre los hombres. De suerte que el nacionalismo no sólo causa conflictos externos, sino frustraciones íntimas; y cuando uno comprende el nacionalismo, todo el proceso del nacionalismo, éste se desvanece. La comprensión del nacionalismo llega mediante la inteligencia. Es decir, observando cuidadosamente, penetrando el proceso integro del nacionalismo, del patriotismo, surge de ese examen la inteligencia; y entonces no se produce la substitución del nacionalismo por alguna otra cosa. En el momento en que reemplazáis el nacionalismo por la religión, la religión se convierte en otro medie, de autoexpansión, en una fuente más de ansiedad psicológica, en un medio de alimentarse uno mismo con una creencia. Por lo tanto, cualquier forma de substitución, por noble que sea, es una forma de ignorancia […]. 


José Díaz Jiménez

 

José

José

“Si vis pacem, para bellum”

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