¿Tiempo perdido? Eskrima views.


Algún amigo, en algún momento me ha preguntado por mi trayectoria dentro de las artes marciales, no es el momento de aburriros con esto ya que me remontaría a la prehistoria, pero sí que me da pie a hacer una pequeña reflexión sobre “el pasado”. Seguro que muchos de vosotros en algún momento y estando actualmente en la práctica de algún arte de lucha que de veras os apasiona, habéis lamentado el “tiempo pasado” con otras historias que “no os llevaban a ningún sitio”. Todos tenemos unos inicios más o menos glamourosos que ya forman parte de nuestra hoja de ruta, de nuestra identidad marcial y aunque a veces nos pese, se trata de una cuestión personal, intransferible e imborrable.

Soy de los que piensa que no hay tiempo perdido y que todo lo que va pasando (nunca mejor dicho) tiene una misión determinada, una cuestión codificada fundamental para nosotros y de ahí la importancia de respetar el proceso en el que cada uno se encuentra en cada momento.

Hoy día no tiene mucho sentido imponer nada, tampoco parece tener sentido creer que estás en el camino adecuado (y los demás no), ya que todo va a depender de la posición desde la que mires. Puede que haya maneras más y menos acertadas de recorrer “el camino”, pero eso es algo que uno debe aprender a “varazo limpio” tras levantarse y caer una y mil veces.

Eskrima no es un camino fácil (eso ya lo hemos hablado en otras ocasiones) ni para los estudiantes ni para los “educadores”. Considero que la práctica con armas en sí es una criba, una selección natural; no del mejor, pero sí del que realmente cree en la necesidad de la funcionalidad dentro de la lucha. Las armas, en definitiva y bajo un prisma de práctica sincera, son una herramienta para la humildad.

La hoja de ruta para subir a la cima del descubrimiento pasa por ser una línea discontinua que comienza en nuestro pasado y se enraíza en nuestro presente, es desde esta disposición que construiremos un “futuro incierto”, cambiante e indeterminado.

Ya lo dijo Picasso: “que la inspiración me encuentre trabajando“. El movimiento es el “leitmotiv” de la Eskrima, ésta es la inspiración que nos mantiene activos y en continuo cambio. Es en este contexto donde podremos encontrar las respuestas a nuestra inquietudes, es aquí donde la magia de las transferencias de nuestro pasado comienza  a suceder, todo se ordena a su ritmo, sin prisas ni condiciones.

El proceso del “buscador”, peregrino del conocimiento, no tiene un esquema predefinido ni sesgado por el clasicismo de lo inamovible, la única condición a seguir para el que lucha es “hacer camino al andar” sin más pretensión que la de continuar en la línea de fuego hasta que “dios” quiera o el cuerpo aguante, dejando en algunos corazones un legado de pasión y conocimiento indelebles al paso del tiempo.


José Díaz Jiménez

José

José

“Si vis pacem, para bellum”

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